Corrían las 9 pm de una despejada noche otoñal de 1948. George F. Gorman, un aviador norteamericano que combatió en la Segunda Guerra Mundial, se disponía a aterrizar su Mustang P-51 en el aeropuerto Héctor de Fargo cuando percibió una luz pasando a la derecha de su aeronave. Extrañeza y curiosidad a partes iguales inundaron al segundo teniente de la Guardia Nacional Aérea de Dakota del Norte ya que desde la torre de control únicamente había sido notificado de la presencia de un Piper Cub «bajo sus alas».

El veinteañero aviador modifió su plan de ruta y trató de acercarse a este extraño objeto volador colocándose tras su estela. Según Gorman, en ese momento comenzaron 27 frenéticos minutos de «combate» en el aire. El elemento misterioso se volvió contra él y hasta en dos ocasiones la colisión pareció inevitable. Fue entonces cuando se elevó de forma cuasi recta siendo su cazabombardero incapaz de interceptarlo. De hecho, se detuvo a 14.000 pies de altura (algo más de 4.000 metros) y el presunto ovni nunca más volvió a ser visto.

“Estoy convencido de que hubo un pensamiento definitivo detrás de sus maniobras. Además, estoy convencido de que el objeto se rige por las leyes de la inercia porque su aceleración fue rápida pero no inmediata y, aunque fue capaz de girar bastante fuerte a una velocidad considerable, siguió una curva natural. Cuando intenté girar con el objeto, me desmayé temporalmente debido a la velocidad excesiva”, declaró a los responsables del «Project Sign» encargados de investigar el incidente.

En palabras de Gorman, quien se consideraba en una forma física óptima, existían pocos pilotos capaces de alcanzar tal giro y velocidad sin perder el conocimiento y, además, añadió: “El objeto logró una escalada mucho más pronunciada y mantuvo un ritmo constante de ascenso muy por encima de mi avión”.

p51 ovni

Aunque la historia carece de visos de verosimilitud, lo cierto es que se vio apoyada en un primer momento por el relato de distintos testigos. El piloto del Piper Cub, el Dr. Cannon, compartió con Gorman la visión de una luz mucho más rápida que el Mustang P-51. De igual forma, uno de los controladores del tráfico en el cielo aquella noche también manifestó el haber contemplado un fulgor uniforme capaz de distanciar al P51 del oficial de la Guardia Nacional Aérea.

En cualquier caso, algo estaba claro. No podía tratarse de otra aeronave pues un piloto experimentado como George Gorman, en un crepúsculo ausente de nubes y tenebrosidad, la habría distinguido sin mucho esfuerzo. Fueron igualmente descartadas aquellas teorías que señalaban a una enajenación mental del piloto debida a trastornos psicológicos provocados por sus vivencias de guerra.

La teoría que apuntaba a la posibilidad de ser un objeto con energía atómica, auspiciada por la mayor sensibilidad radioactiva del Mustang respecto a otros aviones de combate que no habían despegado en los últimos días, fue desechada al comprobarse que un vuelo a gran altura está menos protegido por la radiación. Incluso la histeria que emergía unida a la Guerra Fría llevó a plantear la posibilidad de que se tratara de un cohete guiado R-1 soviético, algo fuera de toda lógica dada su incapacidad de realizar maniobras a tal velocidad.

La falta de evidencias terminó por hacer que los investigadores abrazaran el lanzamiento de un globo meteorológico iluminado como la razón más fiable. Esta etiqueta fue mantenida en el archivo del «Project Blue Book» con categoría de causa oficial. El Servicio Meteorológico Aéreo informó que el aerostato habría estado en el área donde Gorman divisó la luz por vez primera.

Así, desde el «Project Sign» se vincularon las maniobras del elemento extraño con ilusiones ópticas provocadas por los movimientos del P51 de Gorman. A esto se sumó la creencia de que el piloto había confundido a Júpiter, brillante en aquella fecha, con el presunto OVNI y, por ello, que cuando el dirigible desapareció de su vista había perseguido al planeta.