2021… Un año que inicia con expectativas, esperanzas y sueños renovados, pero que trae atado a su memoria la particularidad de un año bisiesto fatídico, inesperado y sorprendente que nos enfrentó abruptamente a la fragilidad de nuestra existencia y a los comportamientos equilibrados o extremos en nuestro actuar, de acuerdo a las circunstancias o a la esencia que llevamos dentro.

Ayer en todos lados del globo terráqueo se escuchó junto con las campañas de media noche el clásico: ¡Feliz año nuevo!

Pero más allá de que tengamos en mente que al pasar la hoja del calendario todo será «diferente» debemos tener la conciencia, la certeza y la convicción de que el cambio en el mundo COMIENZA CON NOSOTROS MISMOS.

Con ese gesto genuino de humanidad, amor, empatía y respeto hacia TODOS los seres de la naturaleza, incluidos nosotros mismos. Si no asimilamos lo grandiosa que es la vida, pero también su fragilidad y nuestro efímero tránsito por ella, si no la dimensionamos en el vasto contexto de lo que ella representa, no vamos a lograr entender que somos como un ecosistema dónde todos tenemos la responsabilidad y la capacidad de hacer un frente unido para trascender esta pandemia de una manera eficaz.

Si yo me protejo, protejo a la familia, la sociedad, el entorno y el planeta mismo.
¡Aquí y ahora, por favor, acatemos las normas de Bioseguridad!

Por: Rossi Er