No es me es fácil tratar sobre los acontecimientos de esta inolvidable fecha; la de aquella mañana del viernes 30 de abril de 1999 cuando reunidos en el Centro de Convenciones enardecidos ciudadanos de muchos estamentos de la sociedad, y ante autoridades de control fiscal, dispararon una ráfaga de denuncias contra la gestión del entonces dos veces alcalde de Cartagena, Nicolás Curi.

De este estrepitoso acontecimiento y de sus consecuencias hay diferentes formas de verlo y apreciarlo, precisando, que sobre el origen de los hechos y las motivaciones de los denunciantes no haré de “abogado del diablo”, ni defenderé lo indefendible, con ninguna de las partes.

Hay que comenzar por decir que Curi asumió por segunda vez la administración de la ciudad con gran respaldo popular derivado de su exitosa gestión cuando entre estuvo en la primera , y que debido al entusiasmo y fervor popular repitió como alcalde sin necesidad de acuerdos ni compromisos políticos que no necesitó; a diferencia de su contrincante, Carlos Díaz Redondo, a quien derrotó ampliamente, y con quien militaban muchos concesionarios de medios de comunicación local, y desde donde se atrincheraron para atacar al gobierno elegido. Algo muy similar a lo ocurrido con la ex alcaldesa Judith Pinedo y el perdedor Juan Carlos Gossaín.

Retomando el no ser defensor de lo indefendible, indudablemente, esta segunda oportunidad de Curi como alcalde, no fue como la primera. Muchas circunstancias habían cambiado. Su núcleo familiar y su estado sentimental ya no eran los mismos, lo que influyó negativamente sobre su gestión, y a lo que habría que añadirle su manera romántica, soñadora y hasta desprendida en su desempeño, lo cual le abrió las puertas a todas las denuncias en su contra.

Indiscutible, los denunciantes, en la mayoría de los casos, no en todos, estaban en la verdad; pero en una verdad que fue empleada, en muchos casos, como retaliación por la no participación en la administración.

Al tropel de denunciantes del Centro de Convenciones se unieron residentes del barrio Bocagrande, quienes injusta y hasta “caronamente” le exigieron al gobierno que asumiera el pago de la ampliación de su alcantarillado y no ellos como contribuyentes, a lo que Curi siempre se opuso.

Recordemos también que para la época de los hechos la Regional de la Contraloría General en Bolívar, gerenciada por la Mery Luz Londoño, no solo actuó como aliada de los inconformes; sino que como hechos curiosos, siempre se dijo que era también una retaliación de parte de quien ostentaba el control político de la entidad, el senador Vicente Blel, quien le declaró la guerra a Nicolás por sentirse insatisfecho con su participación en el gobierno; y además, como otra curiosidad, la ex gerente Mery Luz Londoño, pasados seis años, en el 2005, fue derrotada cuando de la mano de Javier Cáceres compitió con Curi por la alcaldía de la ciudad.

¿Y después de 20 años qué ha pasado con el entonces Vice Contralor de la República, José Félix Lafourie, el mismo que flageló a Curi? Pues, de él bastante se ha dicho de sus acercamientos con grupos al margen de la ley, y además, de los malos manejos con los fondos parafiscales de Fedegán.

¿Y después de 20 años, que ha pasado con los que para la época operaban entreverados entre periodistas y veedores inconformes levantados contra la administración por no haber sido atendidos burocrática ni contractualmente?, pues, llegada la tercera administración de Curi en el 2005, la mayoría de ellos se “camaleonaron”, y fueron los nuevos mejores amigos del que habían querido “arrancarle la cabeza” en 1999.

Desconocer la valerosa actitud de los denunciantes de aquel abril de 1999 sería injusto, pero de aquella llama encendida solo quedan pavesas…

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018