5 claves que muestran la complejidad de la figura de Juan Manuel Santos, el premio Nobel de la Paz 2016

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Un estadista. Un traidor. Un pragmático, el perfecto jugador de póker. A Juan Manuel Santos sus amigos y enemigos y Colombia le otorgan los calificativos más diversos y extremos.

¿Quién este hombre a veces inescrutable que, como ministro de Defensa de Álvaro Uribe, persiguió sin clemencia a la guerrilla y como presidente a adelantado el proceso de paz más completo y creíble de las últimas tres décadas en su país?

Acá algunas claves para entender al nuevo Nobel de la Paz.

1. Nació en el poder

En inglés se diría que nació con cuchara de plata en la boca. Y alguna vez lo reconoció diciendo: “¡Yo nunca he estado obsesionado por el poder, porque siempre lo he tenido!”.

Juan Manuel Santos pertenece a una de las familias más conocidas y adineradas de Colombia.

La base de su poderío se centró en el periódico El Tiempo, el principal diario colombiano, del cual fueron dueños durante casi cien años. Su tío abuelo, Eduardo Santos, también fue presidente de Colombia. Su primo, Francisco, fue vicepresidente.

El nuevo Nobel de Paz no sólo nació en el poder: siempre se ha mantenido en él.

En 1972, con sólo 21 años, ingresó a la Federación Nacional de Cafeteros, y durante nueve años (hasta 1981) la representó en Londres. Ese año regresó al Colombia para ser subdirector de El Tiempo.

Diez años más tarde, en 1991, fue nombrado ministro de Comercio Exterior por el mandatario liberal César Gaviria. En 2000 fue designado ninistro de Hacienda por el conservador Andrés Pastrana. Después fue ministro de Defensa de Álvaro Uribe entre 2006 y 2009.

Desde 2010 es presidente de Colombia.

2. La primera elección popular que ganó fue la presidencia

A pesar de que buena parte de su vida la ha pasado en la actividad pública, la primera vez que se presentó para un cargo de elección popular fue a la presidencia, en 2010, la cual ganó con un a votación récord para el cargo: 9 millones de votos. Nunca ha sido alcalde, gobernador o integrante del congreso.

En 2010 ganó gracias al apoyo del saliente mandatario, Álvaro Uribe Vélez.

En 2014 Uribe se había convertido en su más formidable enemigo político, por lo que Santos fue reelegido con los votos de la izquierda, que apoyaban el proceso de paz.

3. Ni de izquierda ni derecha: Tercera Vía

Cuando se le pregunta cuál es su verdadero color político -viendo que ha sido ministro de gobiernos conservadores y liberales, que persiguió sin compasión a la guerrilla como Ministro de Defensa y luego ha conducido el proceso más creíble de paz- siempre responde que es de la Tercera Vía, la posición defendida por el exprimer ministro británico Tony Blair, quien decía no ser ni de izquierda ni derecha.

De hecho, se declara amigo de Blair, con quien coescribió un libro publicado en español sobre el tema.

En Colombia las opiniones están divididas: la extrema derecha lo acusa de “comunista” y “castrochavista”. La izquierda más radical de ser un neoliberal al servicio del gran capital.

4. Su modelo: Roosevelt, “traidor a su clase”

Un personaje al que constantemente declara su admiración es Franklin Delano Roosevelt, el presidente estadounidense y arquitecto del , que rescató a Estados Unidos de la crisis creada por el crack de 1929.

De hecho, en una diciente entrevista en 2011 a la periodista colombiana Patricia Lara, le mostró el libro que estaba leyendo: “Traidor de su clase, la vida privilegiada y de la presidencia radical de Franklin Delano Roosevelt”.

Según la periodista, Santos le dijo que cuando terminara su presidencia lo iban a llamar así: un traidor a su clase.

En todo caso, siempre parece haber tenido un gran sentido de la historia. En una entrevista en 2014 me dijo: “Y por supuesto que me gustaría que la historia me recordara como el presidente que logró la paz en Colombia. Eso es cierto”.

5. Un gran jugador de póker

Es algo que mencionan mucho quienes lo conocen (y quienes lo detestan): que Santos es un extraordinario jugador de póker, inescrutable, atrevido.

Y al parecer, tiene claro que le puede servir como herramienta política. Así se lo dijo a Patricia Lara: “Para no aislarse, Roosevelt jugaba póker. Así, Roosevelt conversaba con los compañeros de juego y se ejercitaba en

medir el aceite (saber lo que los otros piensan y cómo lo piensan), una de las artes que hay que dominar en política”.


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