59 colombianos siguen detenidos en Venezuela por capricho de Maduro

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Foto: El Cooperante

En short deportivo, camisa negra y cholas, con audífonos, voz centrada y carismático, se manifestó Enoc MonteMiranda Molinares, de 44 años de edad, uno de los 92 colombianos que acusó el presidente Nicolás Maduro el 1° de septiembre de 2016, de “paramilitar y mercenario”, y que además señalaron que era parte de un campamento, que estaba situado a 500 metros del palacio de Miraflores.

Enoc, oriundo de Barranquilla, Colombia se encuentra preso en un galpón que funciona como prisión y comando de tránsito de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), situado  cerca del Hotel Dubai en La Yaguara. En el recinto todo el mundo  lo saluda y saben de quién se trata, producto de sus habilidades para reparar computadoras y celulares, siendo técnico en informática, así logra reunir dinero para poder dar a su esposa e hija.

Enoc, de tez blanca, estatura alta y un acento colombiano mínimo se sienta frente a una computadora de la policía revisando sus fallas mientras cuenta su historia a El Cooperante.

Donde todo comenzó

El 1° de septiembre de 2016 Maduro, en una alocución transmitida en cadena de radio y televisión, informó que 92 colombianos habían sido detenidos tras presuntamente encontrarlos en un campamento, situado a  500 metros del palacio de Miraflores. Desde ese momento comenzó el tormento para Enoc.

“El presidente señaló que habían encontrado 92 colombianos en ese campamento, pero eso no fue así, los  agarraron en varias partes de Caracas y a mí-tras el anuncio- efectivos de la Guardia Nacional (GN) me detuvieron el 30 de agosto de 2016 a las 10:30 de la mañana en la avenida Fuerzas Armadas  de Caracas cuando me dirigía a realizar una diligencia”, reveló el colombiano.

Ese mismo día a las 2:00 de la tarde fue trasladado a la sede principal del  Saime en Caracas,  donde se encuentra un calabozo. En ese lugar oscuro y carente duró tres días, esperando ser deportado, pero no ocurrió  y luego lo trasladaron al  comando de Delincuencia Organizada en Maripérez, allí estuvo a la intemperie en una platabanda del lugar por 23 días, donde fue azotado por las lluvias y el inclemente sol, además de dormir en el pavimento, sin abrigo.

Tras estar en  condiciones infrahumanas, fue llevado, junto con otro grupo, a  un comando de tránsito de la Policía Bolivariana en San Cristóbal, estado Táchira. En el recinto policial le dijeron que le iban a entregar sus papeles y brindar beneficios, pero nada ocurría,  quedó en promesas.

En el recinto  policial tachirense “dormíamos en el suelo en condiciones malas  durante 13 días, a un compañero se le  metió una cucaracha en el oído y le dieron muchas enfermedades y a raíz de eso falleció. Se filtraba el agua del  baño e inundaba el lugar,  eran pésimas las  condiciones en ese lugar”, contó Enoc.

Tras permanecer  13 días en San Cristóbal fue regresado nuevamente a Caracas y lo encerraron en un galpón de tránsito de la PNB, situado en La Yaguara. En el sitio ya cumplió  un año sin ser deportado ni recibir respuesta por parte de las autoridades venezolanas y colombianas. “El consulado colombiano en Venezuela no me ayuda, dice que no puede hacer nada, solo viene un  grupo de ellos cada tres meses y nos traen un poquitico de café, galleticas  y atún. Hasta el mismo presidente Juan Manuel Santos, dijo que no podía hacer nada”, narró el  colombiano preso por Maduro.

“Yo he pedido ayuda a María Corina Machado, Delsa Solórzano, a Freddy Guevara y me dijeron que era muy delicado”, expresó. A los dos meses y medio de su detención delincuentes le robaron todas sus pertenencias de valor en la vivienda alquilada que tenía en San Agustín, por ello su esposa e hija se fueron del lugar y están viviendo con un familiar. Pasan necesidades debido a que la dama está desempleada, por lo que Molinares se rebusca arreglando las computadoras  y celulares de sus carcelarios para poder darle dinero a su familia.

En condiciones deplorables

Enoc  comparte un dormitorio con 58 colombianos, que están en la misma situación que él. Pasan penurias debido a las condiciones en las que se encuentra su sitio de reclusión.

En un espacio pequeño, con una cama y puerta negra, subsiste Molinares. Está azotado por las chiripas, zancudos y las constantes inundaciones en su prisión. Algunas veces se presenta que en todo el día quitan el agua, por lo  que nos tenemos que bañar con tobitos, no vemos la luz del sol sino  hasta que nos sacan para pasar revista. Durante ocho meses comíamos una sola vez al día auyama sancochada y agua, por  lo que me dio gastritis grave con síntomas de ulcera grado dos”, contó Enoc.

Su situación judicial se encuentra en un limbo. Han realizado tres audiencias, y en los tres casos la han declarado nula, debido a  que no existe una denuncia o acusación formal que lo señale como “paramilitar”, además se complica su caso, porque fue una orden directa del presidente Maduro. “Yo estoy preso y hasta ahora no han imputado ningún delito, ni denunciado como paramilitar”, dijo Molinares.


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