A esta modelo los hombres le enviaban fotos obscenas. Ella contactó con sus novias y…

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Emily SearsEmily Sears no recibía cartas de admiradores ni cariñosas postales de amigos, sino un aluvión de selfies comprometedores. ¿Qué harías tú si supieses que tu pareja es en realidad un baboso?

Si a Emily Sears le dieran un céntimo por cada vez que un hombre le envía una fotografía de su pene o le acosa por internet, ya hace tiempo que habría montado su propia agencia de modelos, aunque tal vez ahora y después de los resultados de su singular hazaña esté pensando en dejar los posados y pasar a la acción. Porque esta rubia y exuberante modelo australiana se ha convertido en cuestión de poco tiempo en el azote de los ciberbabososde Instagram utilizando para ello una poderosa arma disuasoria: sus propias mujeres y novias.

“Siento decirte que tu novio se dedica a enviar fotos de sus genitales a modelos en Instagram. Te lo digo porque soy una mujer y las mujeres debemos apoyarnos. Quiero que sepas que lo hacen todos los hombres y no es un problema tuyo. Haz lo que mejor te parezca con lo que te he contado”, escribió Emily a la pareja de uno de los usuarios que la acosaba por la red. Un mensaje doloroso, pero cálido, lleno de camaradería, donde le advertía sobre la catadura moral de su cónyuge. Cómo se lo tomase la destinataria es otra cosa…

Aunque la modelo no engaña a nadie, los hombres que la asedian mientras se hacen detallados selfies fálicos saben a qué se arriesgan, pues ella y su amiga Laura Lux llevan demasiado tiempo calladas y ahora se han tomado la revancha. “Estaba harta de todos esos mensajes y comentarios absolutamente repulsivos, pero no es algo que ocurra solo a las modelos, le sucede a cualquier mujer que tenga presencia ‘online’ siempre que rechaza a un hombre que quiere citarse con ella”, explicaba a Buzzfeed.

Las redes sociales se han convertido en la forma más cobarde y sencilla de acoso; amparados en identidades ficticias, esposos “ejemplares” y novios “amorosos” han encontrado la manera de dejar volar su imaginación y de paso ofender a alguna mujer con la que nunca se comerían colín y medio.

Cuando se entere tu mujer

Con más de 2,3 millones de seguidores de sus perfiles públicos en redes, Emily Sears recibe un día corriente al menos dos fotografías de penes. A Lux le sucede algo parecido; ella se queja en su cuenta de Instagram:“Estamos en 2016 y todavía hay hombres por ahí que piensan que cualquier mujer está interesada en ver sus genitales”.

Ofendida y firmemente convencida de que si su novio persiguiera y bombardease con penes pixelados a otras mujeres a ella le gustaría saberlo, Emily se dedicó a contactar a las parejas de esos hombres, y en caso de que no la tuviera, a sus familias. No entiende cómo, a pesar de todo el activismo que realiza desde sus perfiles sociales, siguen recibiendo los mismos mensajes. “Nunca he escuchado a una mujer decir que le encanta encontrar en su correo o en su cuenta de Instagram fotos de penes al azar y que sienta deseos de practicar sexo con esos hombres”, explica. Sin embargo, las mujeres alertadas parecen apoyarlas y su combativa estrategia da poco a poco sus frutos: el número de comentarios ofensivos ha “descendido bastante”, cuenta.

Envidia fálica

La lectura más directa de este tipo de mensajes es que claramente intentan amedrentar a sus destinatarias, pero, ¿podría ser que creyeran realmente que la mejor forma de seducir a una mujer es darle con el pene en las narices? Un interesante artículo de ‘Broadly’ intentaba responder a la pregunta de por qué muchos hombres garabatean genitales en sus libretas cuando están en una reunión o se aburren en el transporte público y qué tipo de fascinación sienten por esta parte tan íntima de su sexualidad. La respuesta, obviamente, nos devuelve a Freud. “En términos psicoanalíticos, la castración es el miedo central que todos experimentan”, explica la doctora Vanessa Sinclair.

“El clásico ejemplo tomado de Sigmund Freud es el niño que ve que su madre no tiene pene y eso lo traumatiza, y piensa que lo mismo puede ocurrirle a él”. Y añade que no es tanto la pérdida de este miembro, sino su exposición pública –la vergüenza de que alguien pueda descubrir que está castrado– lo que más les atemoriza. “El falo en un sentido más metafórico tiene que ver con quién ostenta el poder. Así que, esencialmente, las personas que dibujan sus genitales una y otra vez intentan convencerse de que no son vulnerables, de igual forma que un hombre maduro se compra un coche deportivo cuando su vigor empieza a declinar”, sostiene.

Pero, ¿puede este ejemplo sernos de ayuda para entender que un hombre envíe fotos fálicas a una mujer por internet? ¿Creen realmente que pueden atraerla de esa forma o es que buscan provocar “envidia de pene”, algo así como “mira lo que tengo y tú no”? Bajo esas capas de pixelada y peluda perversión tal vez lo que haya sea un ser frustrado y atemorizado por la rubia y poderosa presencia de una mujer, intentando hacer fuego con dos piedras y un palo, como si fuera un ‘boy scout’.

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