A Ken muerto… Ken puesto…

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La disputa de dos jóvenes brasileños por el título de muñeco humano ha acabado tras la muerte de uno de ellos. El nuevo Ken se llama Mauricio.

El Ken humano ha muerto. ¡Viva el Ken humano! Ni siquiera se ha enfriado el trono que ha dejado en Brasil Celso Santebañes tras fallecer, con sólo 20 años por una leucemia que le detectaron al tratarle unas infecciones causadas por una cirugía plástica en su carrera obsesiva para parecerse al sempiterno novio de Barbie. Mauricio Galdi, 27 años, al que ya invitaban a los eventos como Ken humano cuando Celso estaba gravemente enfermo, luce ahora en solitario esa corona que le permite vivir como modelo.

Es ésta una historia de muerte, de lucha de poder a través de las redes sociales, de una insana envidia en lo más hondo de una enfermedad, de dos jóvenes enfrentados y unidos por un ideal de perfección y de belleza inspirado en ese muñeco con el que tantas niñas soñaron como novio ideal cuando alcanzaran ese mundo feliz y frívolo en el que ellas serían barbies.

Mauricio Galdi ha alcanzado ese sueño de ser Ken humano, aunque dice a Crónica que «el único Ken humano brasileño es Celso» en homenaje al fallecido. Asegura que estuvo varias horas «en estado de shock» cuando su predecesor murió, puesto que lo había conocido pocos días antes para reconciliarse de una amarga polémica.

“Cállate la boca”

Hace un mes, Mauricio colgó en su Instagram una foto con un cartel que rezaba su nombre y le calificaba como Ken humano, a lo que Celso, que se encontraba ya en un pésimo estado de salud, reaccionó iracundo. «Cállate la boca, asqueroso, no tienes ni un poco de respeto, sé que hiciste esa publicación para ofenderme», decía el joven, además de amenazarle con procesarle en la justicia y equipararse a Michael Jackson: «Nunca habrá dos».

«Es muy feo y falso, se cree que por tener los ojos azules e ir maquillado ya es el nuevo Ken, pero es un oportunista», completó con inquina, a lo que Mauricio respondió publicando una encuesta de Folha de Sao Paulo que mostraba que el público brasileño prefería a este último como Ken humano, por encima de Celso y de homólogos de otros países como el norteamericano Justin Jedlica, que se operó 90 veces para parecerse al juguete, o el checo Robert Paulat, ambos pioneros en esta imitación de la imitación. Luego se reconciliaron en un plató de televisión.

-Me di cuenta de que tienes buen corazón, -dijo Celso, con la voz tenue y el cabello con parches por la quimioterapia.

«Te deseo todo lo mejor», respondió Mauricio. Pero para entonces la muerte ya estaba llamando a la puerta de Celso y Mauricio ya sabía que el reinado iba a ser suyo.

Si Celso, crecido en una familia pobre del interior de Minas Gerais, vio en lo de ser el nuevo Ken una carrera corta hacia la fama y el dinero -sus padres no saben aún ni cómo pagar el funeral-, la historia de Mauricio es diferente. A Celso se le ocurrió construir su semejanza cuando un conocido le dijo que se parecía a Ken, mientras que Mauricio dice que nunca ha intentado parecerse al muñeco: «Estaba más en el inconsciente, en el ideal de belleza y perfección que yo quería alcanzar».

Hijo de un distribuidor de películas y una ama de casa de Higienópolis, un barrio de clase media de Sao Paulo, Mauricio Galdi siempre envidió a las niñas de su colegio.

«Las veía jugar con muñecas y yo también quería, pero nunca lo hice por miedo a los prejuicios»

Confiesa el joven, que desde pequeño tuvo «vocación artística» y admiraba a los príncipes de Disney.

«Vivía soñando en cuentos de hadas y entre los príncipes, mi preferido siempre fue el de La Bella Durmiente. Y, como era rubio y con ojos azules, me llamaban principito»

Con 17 años entró en una conocida escuela de actores. «Allí me di cuenta de la perfección de chicos y chicas y quería ser como ellos», recuerda, al tiempo que reconoce que él no se consideraba tan bello. Empezó entonces una sufrida carrera de cirugías plásticas -hasta llegar a ocho- que arrancó con una operación de nariz a escondidas de los padres «que la dejó peor de lo que estaba». «Estuve sangrando durante ocho horas, quedé traumatizado», dice.

Se volvió a retocar la nariz varias veces hasta dejarla «cerca del ideal», además de infiltrarse polimetilmetacrilato (PMMA) en varias partes del cuerpo para rellenarlas y que quedaran más redondas y lisas. En Brasil, las operaciones plásticas han dado quebraderos de cabeza a muchos pacientes. Entre ellos al propio Celso Santebañes, quien se operó cinco veces y sufrió múltiples hemorragias e inflamaciones en las piernas al inyectarse hidrogel para moldearlas.

El cirujano denunciado

Hace tres años, de hecho, Mauricio Galdi volvió a pasarlo mal por un fiasco de operación por la que ha acabado procesando al cirujano. «Me deformó, estuve seis meses paralizado, deformado, hasta que al final un supermédico me arregló», dice.

Atormentado por esa carrera hacia la belleza que tantas veces proyectó un monstruo en su propio espejo, Mauricio buscó otro tipo de ayuda, la terapia psicológica, para enmendar también las heridas internas. «La terapeuta fue la que me demostró que mi obsesión por esa belleza llevaba en el subconsciente esa idea de Ken, la que me hizo recordar que siempre le idealicé», desvela Mauricio, que asegura que desde entonces no volvió a operarse y sólo cuida de la alimentación y la musculación para seguir en forma como modelo.

«Yo nunca busqué ser el Ken humano brasileño, fue algo que me llegó, la televisión me buscó para darme ese título», se defiende ante los que le acusan de haberse aprovechado de la enfermedad de Celso para arrebatarle el título de muñeco humano. «Él fue el primero y siempre será el Ken humano brasileño, dejo ese título para él», afirma ahora, dolido con la muerte del máximo rival. Pero sabe en el fondo que a rey muerto, rey puesto.