“Mamá” es la primera palabra que articulamos en nuestra niñez, casi sin ser conscientes que es a esa persona a la que siempre recurriremos en busca de consuelo, de un abrazo, de una palabra de aliento…

Alguna vez me contaron que madre hay una sola, y que no siempre es necesariamente aquella que nos dio la vida… Porque ser mamá es mucho más: Es una mano fuerte que sostiene ante el primer paso dado temblando ante la vida; es un uniforme radiante para ir impecables a la escuela; es una sonrisa de orgullo ante un diploma recibido; es un pañuelo que seca las lágrimas ante algún fracaso; es la complicidad personificada ante esa figura dura que representa nuestro papá; es la compañía en los momentos duros; es el consejo ante un problema que nos aprieta el corazón; es la mejor abogada defensora de nuestras ilusiones y es también el adiós más doloroso de nuestra vida cuando Dios la llama al cielo…
Decir mamá es resumirlo en un nombre que guardaremos para siempre con nosotros, en la ternura, en el sacrificio, en las historias de cocina y nuestro plato preferido, en nuestra amiga más fiel y comprensiva…

Decir mamá es dejar que nuestra mente vuele hacia recuerdos añorados, es la tibieza, la sinceridad y la bondad resumidas en esas manos curtidas del trabajo de la casa… Decir mamá es decir amor…

A todas las MADRES, hoy les expreso mis más grandes y sinceros sentimientos llenos de mucha alegría. Y aprovecho para agradecerle toda la sabiduría y valores que humildemente me transmitió en vida mi madre, gracias a ella pude valorar el significado del amor a la Mujer. Hay palabras que nunca salen de mis labios, por creer que no son necesarias… pero hoy, a mi abnegada y bendecida madre, desde el cielo donde fijo su última residencia, quiero decirte muchas cosas con la esperanza de que no sea tarde, pero antes de nada, decirte que te seguiré amando mientras Dios prepara el día de nuestro reencuentro. Hoy la tristeza oprime mi alma, esa inmensa tristeza de no tenerte a mi lado y haberte dado todo cuanto merecías y necesitabas. Yo era demasiado inmaduro, desvalido y lleno de sueños y fantasías por cumplir, esa que tú misma me enseñaste querida madre, en tu lucha lograste calmar muchos de ellos a pesar de que te di disgustos y sufrimientos añadidos a los que ya tenías.

Ahora entiendo todos tus consejos, tus regaños y enojos los cuales hacían correr lágrimas en mis mejillas sin darme cuenta yo de que traían su propia enseñanza. Perdóname por hacerte sufrir, perdóname por no haberte entendido a tiempo, no fue mi intención, fueron mis necedades y falta de madurez.

Madre mía, quisiera retroceder el tiempo y tenerte nuevamente con nosotros, para darte lo mejor, dejando atrás todo lo malo, lo cual es imposible. Sólo puedo decirte que todos esos hermosos momentos que compartimos, los tengo atesorados en mi mente y mi corazón. Los seguiré guardando como mis más lindos recuerdos, y los atesoraré en lo más profundo de mí ser

¡Las amo mujeres, no solo en este día sino siempre!
Gracias mujeres en especial a mis hermanas, por ser madres de mi vida, por ser quienes son, por darme un consejo oportunamente, vivir y estar pendiente de mí, luchar por cada uno de sus hermanos, sacrificarse por nosotros y desvelarse con sus oraciones en la búsqueda de nuestro señor JESUS. Esto es apenas un poco de lo mucho que tengo que agradecerles.

Desearía escribir con las palabras más bellas, con frases jamás formuladas para todas las madres que ha dado vida y que sigue regando amor por doquier.
Hoy rindo un homenaje lleno de amor y dulzura a todas las madres, que han dado todo, todo absolutamente todo, para darnos la vida y permanecer ahí contra viento y marea y no claudicar jamás. ¡FELICITACIONES Y MUCHAS BENDICIONES MADRES!

Por: William Hundelhausen Carretero
Presidente Nacional APIC

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