Abe y Obama cierran las heridas de Pearl Harbor

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El primer ministro japonés, Shinzo Abe, con Obama en su encuentro en Hawái

Siete meses después de que el presidente Barack Obama visitase Hiroshima, ciudad donde terminó la II Guerra Mundial con el lanzamiento de la bomba atómica, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, se desplazó hasta la base naval de Pearl Harbor, para rendir homenaje a las víctimas estadounidenses.

Como hiciera Obama en la ciudad atacada junto con Nagasaki en 1945 por orden del presidente Harry S. Truman, se dejó claro entre los dos equipos de protocolo que el «premier» japonés no pediría perdón.

Al menos tres primeros ministros nipones han visitado Pearl Harbor, pero el Gobierno japonés ha señalado que Abe es el primero en rezar por los muertos junto a un presidente de EE UU en el memorial construido sobre los restos del buque hundido «USS Arizona».

Ofrezco mis sinceras y eternas condolencias a las almas de aquellos que murieron aquí, así como a los espíritus de los valientes hombres y mujeres cuyas vidas se tomó una guerra que empezó en este lugar, como también a las almas de los incontables inocentes que se convirtieron en víctimas de la guerra

Afirmó Abe ayer.

El gesto bastó para subrayar el fortalecimiento de la alianza entre los dos países en un momento en el que les interesa tener una buena relación para contrarrestar el peso de una China cada vez más amenazante. En los últimos días, la Prensa oficialista de Pekín ha expresado sus reticiencias a la visita de Abe, que no dudaron de tachar de «espectáculo diplomático cuyo objetivo es ganar puntos políticos y reforzar la relación con EE UU».

Este gesto histórico habla sobre el poder de la reconciliación. Un recordatorio de que incluso las heridas más profundas de la guerra pueden dar paso a la amistad y a una paz duradera

Señaló Obama, de pie, junto a Abe, en Honolulu, Hawái, estado en el que nació el presidente y donde suele pasar sus vacaciones de Navidad. Allí cerraron las heridas abiertas el día del ataque, 7 de diciembre de 1941, considerado por el presidente Franklin Roosevelt como «fecha que vivirá en la infamia». En total, fueron dos horas de ataque, en el que fallecieron 2.403 estadounidenses y cambió el curso de la guerra.

Desde entonces, Washington y Tokio han construido una poderosa alianza que a ambos lados se asegura que ha crecido más fuerte que nunca durante el mandato de Obama. Ahora sobrevuela la duda de si los lazos seguirán siendo tan potentes durante la era Trump. En este sentido, y ante lo prioritario para Japón, Abe no dudó en visitar al futuro presidente en la Torre Trump poco después de que ganara las elecciones.

Fue el primer líder internacional en reunirse con el magnate en una visita en la cual se saltó al departamento de Estado y todo tipo de protocolos, algo poco frecuente en la ceremoniosa cultura japonesa. Pero es que Donald Trump sugirió en campaña que Japón adquiriese armas nucleares para defenderse de Corea del Norte y demandó que debían pagar más a Washington si pretendían que éste mantenga su despliegue militar en su territorio.

Cabe destacar que en 2015 se firmó el Tratado Transpacífico entre ambas naciones, un acuerdo que Trump quiere abolir nada más llegar a la Casa Blanca. Asimismo, sus recientes declaraciones sobre el «aumento y expansión» nuclear de EE UU le han dado un nuevo significado a esta visita del primer ministro japonés a Hawái, archipiélago que se convirtió en el Estado 50 de EE UU el 21 de agosto de 1959.

Quizá por todo esto, el discurso de Obama de ayer en Pearl Harbor, que abordó una nueva incertidumbre y recordó los peligros de una carrera armamentística, encontró su audiencia en Florida –donde Trump pasa sus vacaciones– más que en Japón y en el histórico puerto.

Aun así, las dudas sobre el futuro de las relaciones bilaterales es lo único claro que tienen los diplomáticos japoneses, que han escrito durante todo este año preocupantes despachos del comportamiento errático de Trump.

El empresario ha matizado gran parte de sus promesas de campaña durante las últimas semanas. Una de ellas, confirmada por sus consejeros a Abe, sería también la serie de advertencias a Japón. «No debe tomarse todos los comentarios de campaña de forma literal», le dijeron cuando vino a Nueva York.


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