Si bien existen medicamentos y fármacos que reducen los síntomas de la enfermedad de Parkinson, es necesario complementar los tratamientos con rehabilitación y actividad física diaria para que los pacientes adquieran mayor elasticidad, agilidad y destreza, y por consiguiente su calidad de vida mejore a nivel psicológico, social, funcional y anímico.

Según estudios publicados por la Sociedad de Movimientos Anormales (MDS), la enfermedad de Parkinson es una condición neurológica que requiere de atención física para evitar su progresión, ya que el padecimiento genera déficit en el equilibrio y en la marcha, los cuales contribuyen a la discapacidad por estar relacionados con la posibilidad de sufrir caídas al no poder caminar ni desplazarse de un lugar a otro correctamente.

Actividades físicas como pilates, yoga, ejercicios de alta intensidad, gimnasia aeróbica, danza y fisioterapia son grandes aliadas para los pacientes, pues el ejercicio tiene el potencial de ayudar a nivel motor (equilibrio, fuerza, rigidez, dolor muscular), no motor (depresión, fatiga, insomnio, dificultad para comer y hablar) y cognitivo (memoria y aprendizaje).

“Siempre recomendamos a los pacientes, sin importar la etapa en la que se encuentre desarrollada la enfermedad, realizar deporte y cualquier actividad que genere movimientos corporales para que el cerebro incremente la capacidad de autoreparación que a nivel físico causa fuerza, potencia, aptitud cardiovascular, hipertrofia muscular, estabilidad, equilibrio, movilidad y memoria”, afirmó el Doctor Óscar Bernal.

Cualquier tipo de ejercicio es esencial porque disminuye el estrés y la depresión gracias a que el cerebro libera unas sustancias llamadas endorfinas que producen euforia y bienestar de forma natural. No obstante, las actividades más recomendadas son aquellas rutinarias como caminatas, fisioterapias y yoga, ya que juegan un papel muy positivo en el control del equilibrio, la marcha y la rigidez.

Es importante que los pacientes diseñen un programa de ejercicio de la mano con el profesional competente, ya sea neurólogo, neurocirujano, psicólogo o psiquiatra para determinar el tipo, la rutina, los mecanismos y la duración del ejercicio ideal que provoque las mejoras físicas y cognitivas.

Adicionalmente, existe una terapia conocida como Estimulación Cerebral Profunda (DBS, por sus siglas en inglés) capaz de regular los síntomas motores de los pacientes cuando estos ya no responden correctamente a medicamentos o presentan efectos adversos a los mismos. Este tratamiento consiste en conectar un dispositivo similar a un marcapasos con un electrodo que se inserta en estructuras profundas del cerebro. El marcapasos envía impulsos eléctricos que ayudan a controlar los síntomas motores propios de la enfermedad de Parkinson. Se utiliza en Colombia desde 2003 y ha devuelto la calidad de vida a más de mil pacientes, según la Asociación Colombiana de Neurología.

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