En algunos países, se sufre la psicosis o temor por la tenencia de armas biológicas y químicas letales que tienen otras naciones. Aun así, el mundo actual está expuesto a una serie de sustancias peligrosas y contaminación, lo que puede equivaler a una guerra química deliberada.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) han establecido una serie de normativas para el control y fabricación e importación y exportación de alimentos, medicamentos, cosméticos y productos de uso industrial y doméstico, por eso han definido las “buenas prácticas de manufactura” como conjunto de procedimientos destinados a garantizar en forma permanente, productos que cumplan con los requerimientos de seguridad y calidad para los usuarios. A nivel de cada país, se tiene la implementación de controles sanitarios, así como de certificación y registro de productos por parte de las respectivas autoridades sanitarias.

Además, entre los requisitos se debe indicar el lugar y verificar el estado de higiene de las instalaciones donde se elaboran los productos, los cuales han de estar sometidos a inspecciones regulares que permitan comprobar, si el fabricante se ajusta a las reglas básicas.

También, las entidades de control de medicamentos y sustancias industriales al parecer deben exigir al fabricante información vital de las especificaciones y resultados de análisis físicos, químicos, biológicos, microbiológicos y biofarmacéuticos, para la emisión posterior de un certificado de análisis, de parte del ministerio de salud o ente regulador en la materia de cada país o región.

Todos los aspectos anteriores parecen pertinentes, sin embargo en la práctica está muy presente una gran ironía, pues a pesar de tantos sistemas de control como los mencionados, en todo el mundo la mayoría de los laboratorios de productos cosméticos y fabricantes de alimentos preparados y empacados agregan a cada producto, un montón de aditivos artificiales, la mayoría de los cuales se sospecha causan problemas de salud a los humanos.

Se sabe por lo menos que la piel es el órgano externo del sentido del tacto más vulnerable a la absorción de toda clase de sustancias, muchas de las cuales pueden penetrar paulatinamente hasta los tejidos más internos, y después de un uso prolongado causar daños, incluso el cáncer. Sin embargo, basta leer las etiquetas de “shampoo”, cremas humectantes, antiarrugas, entre otras para darse cuenta de la presencia de docenas de aditivos, por eso si ponemos tan solo un ejemplo de un shampoo de “equis marca”, se puede leer en su lista de los siguientes componentes: lauri éter sulfato de sodio, alquilolamida de aceite de coco, estereato de etilenglicol, glicolestereato, cloruro de sodio (sal), formaldehído, tetrasodium EDTA, ácido cítrico, metilcloroisotiazolinona, colorantes, pantenol y ceramidas.

En la lista anterior algunos componentes no representan mucha peligrosidad para la salud (la sal, el ácido cítrico, los derivados de aceite de coco) pero el resto de sustancias, muchas derivadas de los procesos de refinación de hidrocarburos no son confiables para la salud.

Entonces, se puede ver que la ironía de los fabricantes de cosméticos es, ofrecer productos para embellecer la piel y el cabello, pero estos laboratorios no son consecuentes con los daños internos que pueden ocasionar a mediano y largo plazo. De hecho, hace algunos años se difundió un reportaje de un hombre dedicado a maquillista o maquillador de mujeres, el cual de un momento a otro empezó a notar que le estaban creciendo los pechos como una mujer. Alarmado por el asunto se sometió a varios exámenes y análisis médicos, y el resultado fue, que cada vez que él aplicaba a las damas productos de belleza muchos de los cuales en su composición eran ricos en hormonas femeninas, esas sustancias empezaron a penetrar en su organismo por la piel y empezó a sufrir esos cambios. La recomendación de los médicos en ese caso fue, que en adelante el uso de guantes para evitar el problema y eliminar la molestia.

Se sospecha que el uso prolongado de una misma clase de antitranspirantes (no siempre desodorantes) en las axilas, puede incidir en la aparición de cánceres de mamas sobre todo en mujeres, condicionado porque ellas se rasuran el vello axilar, así pues, el contacto con esas sustancias es más directo en la piel.

En cuanto al discutido asunto de lápices labiales, cremas base para la cara, rubores y sombras la mayoría tienen altos contenidos de plomo y otras sustancias “pesadas” que dejan residuos, por eso las damas debieran tener cuidado antes de comprar esos productos e informarse de alguna manera, sobre los riesgos futuros.

Por otra parte está de moda echarle la culpa al Sol de los crecientes casos de cáncer en la piel, pero acaso ¿el contacto de la misma piel con bloqueadores solares llenos de tantas sustancias como las descritas con anterioridad, no la podrían también volver propensa a ese mal?

Respecto a los aditivos en alimentos industrializados se tiene que, son muy utilizados para acentuar el color, la acidez, modificar e intensificar el sabor, estabilizar o dar bases consistentes y preservar esos alimentos. Actualmente, en la industria se tienen unos 80 mil productos de esta clase, los cuales si no son bien aplicados son responsables de la pérdida de apetito e irritación intestinal, anemia y cálculos biliares.

Poniendo más ejemplos, se tiene que, para acentuar el color de embutidos, salsas de tomate, sopas, bocadillos de maíz, papas tostadas, galletas, siropes, refrescos gaseosos y tantos productos más, son muy utilizados los pigmentos rojos y amarillos. Pero con base en estudios realizados en Europa y los Estados Unidos, se sabe que el uso del amarillo tipo sunset causa alergias, el azul intenso tumores, el negro daña el sistema urinario y el color caramelo causa problemas neurológicos. Luego, la adición de hormonas al ganado de carne, lechero y el pollo pueden generar desórdenes orgánicos en quienes los consumen.
Las sustancias preservantes y modificadoras del color (casi todas clarificantes o blanquedoras), son muy usadas por los fabricantes de alimentos, y entre estas las más conocidas están los nitritos, sulfitos, nitratos, ácido benzoico, benzoato de sodio y el propionato de sodio. Para mejorar la textura de los alimentos, se usan sodio alginato, goma de tragacanto y saponin pero esos aditivos ocasionan problemas digestivos, al aparato reproductor y tumores pulmonares.

Otras sustancias como el peróxido de benzoil, alumbre, sulfato de aluminio sódico, silicatos, cera de parafina y calcio disodio, influyen en la aparición de úlceras en el estómago y desórdenes sanguíneos.

En un país como Costa Rica, la ley General de Salud (en los artículos que van del 196 al 238) deja sentadas las bases técnicas para establecer el control permanente de manejo de alimentos y el uso de tales aditivos, pero en la práctica no se tiene constante evaluación y verificación de lo que hacen los fabricantes, en especial de “alimentos preparados” o “procesados”; posiblemente ese tipo de cosas ocurran en otros países.
Ante tal realidad, falta hacer verdadera conciencia al respecto, pero lo importante de todos

los aspectos tratados en este tema, es dejar una serie de inquietudes a los estimados lectores, con el fin que reflexionen y opten si es posible, por prescindir de tantos productos que suponen alto riesgo para su salud.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos