El mundo contemporáneo está cada vez más conflictivo, incluso donde se destacan los serios y múltiples problemas que sufren la niñez y adolescencia. De tal manera es común la rebeldía y delincuencia de tantos muchachos, pero al final de cuentas se impone la gran verdad: “gran parte de la culpa es de los papás” a pesar de que algunos se justifiquen con decir que, no es fácil ser padre de familia o que no hay escuelas ni universidades que lo enseñen, sin embargo los valores morales y las sabias enseñanzas están en la Santa Biblia.

Pero lo que pasa es que la mayoría de los padres de familia hoy se creen superpadres solo por el hecho de traer el sustento al hogar, o las madres por lavar, cocinar y limpiar la casa y financiar los estudios, pero muchos progenitores lo que menos hacen es buscar el bienestar emocional y la buena formación espiritual de los hijos, además pretenden delegar en los pobres y desgastados (emocionalmente) maestros de la escuela, del catecismo, escuela dominical o profesores del colegio todo el peso de educar bien a los chicos, y muchachos. Mientras tanto, muchos papás el fin de semana en especial, sacan su tiempo para estar en los bares, ver por televisión los partidos de fútbol, y las madres en el vecindario chismeando o viendo telenovelas u otras trivialidades.

Por otra parte, en esta época hay muchas madres solteras que deben trabajar para mantener a sus hijos y en verdad no tienen mucho tiempo para educarlos, pero este mal proviene de una cadena de decadencia, pues esas madres justamente por falta de guía de sus papás con facilidad resultan embarazadas. Así la juventud va al garete y la violencia y frustración de niños y adolescentes se evidencian en los centros educativos, como ya es común.

Además, es grave el hecho de que muchos escolares y colegiales sostienen relaciones sexuales con libertinaje y en los lugares más impensables. A eso se suma que, esa clase de jóvenes están influenciados por la inmoralidad y antivalores que se presentan en la televisión.

Entre otras cosas, producto de este mundo tan tecnológico y materialista ya pasó al olvido aquel tiempo en que el papá y la mamá antes de ir a dormir dedicaban unos minutos para rezar al pie de la cama, en cambio ahora “lo normal” de la vida actual es que a las 10 de la noche apenas comience la “vida loca” para la gente joven, cosa muy distinta de la enseñanza de nuestros antepasados cuando decían: “después de las 10 a nada bueno se sale a la calle”.

Pero lo lamentable es, imaginar el momento en que muchos padres de familia lleguen a la presencia de Dios, y cuando él les diga: ‘muéstrenme como administraron sus deberes’, entonces muchos resultarán reprobados “con un cero en conducta”.

Incluso, muchos adultos son los culpables de crear redes de prostitución, ventas de drogas, actividades de pornografía, espectáculos públicos pervertidos, y otros aspectos que contaminan a la juventud. Es más, ya no son cosas raras hechos como la violencia en escuelas y colegios donde jóvenes hasta cometen asesinatos o agresiones, contras sus compañeros y maestros.

Pero de toda esa problemática se puede decir que, a los individuos corruptores, se les puede aplicar aquella sentencia de Jesucristo: “A cualquiera que haga caer en pecado a unos de estos mis pequeños que creen en mí, mejor le sería lo echaran al mar con una gran piedra de molino al cuello…” San Marcos 9:42.

Bien decía el papa Juan Pablo II: “la primera Iglesia doméstica es el hogar”, entonces valorando tan sabias palabras se ha de entender también que, una raíz sana (padres o adultos responsables y vigilantes) hará que el resto de la planta esté sana (los hijos), en cambio una raíz dañada hará que el resto de la planta, esté en peligro de caerse y morir.

Osvaldo Corrales Jiménez.
Comentarista de temas cotidianos.