El documento son cuatro páginas de papel amarillento y escritura densa, con anotaciones por todas partes. Para el ojo profano resulta difícil saber dónde buscar, teniendo en cuenta que el texto está muy desarticulado en lo que a los criterios del premio se refiere.

alfred nobelEn un párrafo, Alfred Nobel, inventor de la dinamita, dictó las instrucciones lapidarias. Una parte de su fortuna (unos 31,5 millones de coronas suecas de la época, más de 200 millones de euros en la actualidad) deberá destinarse a un fondo cuyos intereses serían redistribuidos “a aquellos que durante el año precedente hayan dado los mayores servicios a la humanidad” en cinco campos: física, química, medicina, literatura y paz.

Cuatro comités, tres en Estocolomo y uno en Oslo (Noruega estaba en aquel tiempo unida al reino de Suecia) son los encargados de atribuir los galardones.

Estas 26 líneas cambiarían la reputación del hombre y darían a Suecia una proyección increíble.

“Con sus premios, quiso mostrar quién era en realidad”, explica Jean-François Battail, profesor emérito de lenguas y literatura escandinavas en la Universidad de la Sorbona.

“Según Albert Einstein, premio de Física [en 1921], Nobel había inventado el Nobel de la Paz porque tenía mala conciencia”, afirma.

Fechado el 27 de noviembre de 1895 en París, donde el industrial sueco tenía una casa, el testamento se conservó a continuación en un cofre del Stockholms Enskilda Bank (SEB).

Un año más tarde, Nobel murió y la lectura del testamento provocó estupor, ya que nadie estaba al corriente de sus proyectos.

Fue un ex asistente de Nobel, Ragnar Sohlman, quien reunió el conjunto de su fortuna dispersada por todo el mundo y satisfizo la voluntad de su patrón.

En 1900, Sohlman participó en la creación de la fundación Nobel y los primeros premios se dieron en 1901.

A pesar de las polémicas, como el rechazo de Jean-Paul Sartre del Nobel de Literatura en 1964 o la atribución del Nobel de la Paz a Barack Obama en 2009, el premio es un orgullo nacional en Suecia.