En este mundo los sentidos de la carne seducen al ser humano, de tal manera, el placer sexual, el amor al dinero, la fama, el placer, deseo de poder, entre otros aspectos, son los que absorben a los individuos. Es más, el dinero, hace que la mayoría de personas se sientan felices, pero si el dinero falta o no les alcanza, hace que los individuos se llenen de amargura, e inseguridad (el dinero es una atadura mental que aleja a muchos seres humanos de las virtudes como es la caridad).

A eso se suma que, la enfermedad o la injusticia sufrida, son cosas que causan tristeza y temor a las personas. El mensaje de Jesucristo en su palabra fue, que esas cosas quedarían en el pasado, o sea, en la Gloria Eterna ya no habrá llanto, ni dolor, ni guerras, tampoco la gente se casará entre ellos. Es más, san Pablo aseguró que, resucitaremos con otra naturaleza, o sea, con cuerpos inmortales y sin necesidades temporales.

Por otra parte, Jesús dijo: ya el reino de los cielos está entre ustedes, lo anterior significa que, las personas que se desprendan esencialmente de las ataduras del mundo, ya han comenzado a caminar por la senda de la salvación para luego llegar a la casa eterna, la cual no está en esta Tierra ni en otro planeta, por eso san Juan en el Apocalipsis, ciertamente dijo, que el cielo y la tierra conocidas dejaron de existir. Sin embargo, algunas personas creen que esta Tierra y Creación serán renovadas.

Otro asunto, que confunde a nuestra gente es la creencia de un rapto, esto por cuanto cuando Jesús habló de segunda venida dijo que de entre dos personas una sería llevada y otra dejada, pero eso en realidad quiere decir que en este mundo siempre habrán personas que estarán preparadas para el momento en que Dios las llame a su presencia, y otras personas lamentablemente no estarán preparadas.

Ese aspecto tiene paralelismo con otros pasajes o parábolas del Santo Evangelio. Es más, la parábola de las doncellas, dice que a cinco se les acabó el aceite y debieron ir a otra parte a conseguirlo, pero las otras cinco doncellas si tenían aceite para sus lámparas, y cuando el novio llegó las encontró preparadas, y con ellas entró a la casa. Luego llegaron las doncellas que habían salido a buscar aceite y tocaron a la puerta del novio, pero éste desde adentro les dijo, “no sé quiénes son ustedes”, y no les abrió.

Otra enseñanza de Jesús fue, la historia del hombre que preparó una gran cena e invitó a sus amigos, pero uno de ellos dijo que no podía asistir porque debía ir a ver un terreno que había comprado, otro dijo que tampoco podía ir a la cena dado que había comprado cinco yuntas de bueyes y tenía que probarlas, uno más dijo, que se había recién casado y no podía asistir a la cena.

Entonces el dueño de la casa se enojó, y dijo a sus criados que invitaran a la cena a los pobres, inválidos, ciegos, y cojos a la gente que se hallara en los caminos.

En el mismo pasaje anticipadamente Jesús dice: «¡Dichosos los que participan del banquete del reino de Dios!» (S. Lc. 14.15-24).

Además, participar del banquete es recibir en lo posible el cuerpo eucarístico de Cristo, eso sí, para eso se debe estar preparado sacramentalmente, no sea que pase como dice otra parábola, del hombre que fue a una fiesta pero sin traje de bodas, entonces cuando el dueño de la fiesta vio al invitado sin el traje respectivo, ordenó sacarlo de allí, para que sufriera el rechinar de dientes.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos