En los Estados Unidos, se están haciendo esfuerzos por mejorar la alimentación y evitar que los niños y adolescentes consuman productos con agentes (aditivos) nocivos que causan problemas de colesterol, triglicéridos y dolencias gastrointestinales. De hecho en algunos estados y condados de ese país, el incremento del cáncer en el aparato digestivo en los niños es un asunto alarmante.

Otros países tienen organizaciones públicas y privadas encargadas de regir y fiscalizar la calidad alimentaria, así como valorar que los alimentos no tengan altos índices de sustancias peligrosas. Sin embargo, en otros lugares los intereses mercantiles se imponen, y mediante las estrategias publicitarias enajenan a las sociedades a consumir tal o cual producto.

Pero es tal la codicia de las grandes compañías transnacionales de alimentos rápidos como hamburguesas, bocadillos empacados, y refrescos gaseosos entre otros, que han desarrollado las viles estrategias de ofertas de juguetes y personajes de los “cartoons” y películas de acción y ficción. Entonces muchos niños insisten a sus papás que les lleven a comer a los lugares donde se venden esa clase de “alimentos”, y a veces esos niños lo que menos hacen es comer, sino que se contentan con el juguete o personaje de plástico incluido en la promoción.

En este sentido no siempre hay medidas legales que controlen estos abusos publicitarios, que inducen a la gente a un consumismo irracional. Pero retomando el aspecto de los aditivos cabe mencionar que, estos se utilizan para acentuar el color, la acidez, modificar e intensificar el sabor, estabilizar o darle bases consistentes, y preservar esos alimentos. En el mundo hay unos 80 mil productos de esta clase, que si no son bien aplicados son potencialmente responsables de la pérdida de apetito e irritación intestinal, cuadros de anemia y cálculos biliares.

Por ejemplo en los procesos de coloración y acentuación del color de los embutidos, salsas de tomate, sopas, bocadillos de maíz, papas tostadas, galletas, siropes, refrescos gaseosos y tantos productos más, son utilizados los pigmentos rojos y amarillos de preferencia. Entonces se sabe al menos que, el uso el amarillo sunset causa alergias, el azul intenso tumores, el negro daña el sistema urinario, y el color caramelo causa problemas neurológicos. Luego, la adición de hormonas al ganado de carne, lechero y el pollo pueden generar desórdenes orgánicos, en el consumidor.

Respecto a sustancias preservantes y clarificantes, algunos fabricantes de alimentos utilizan nitritos, sulfitos, nitratos, ácido benzoico, benzoato de sodio y propionato de sodio. Para mejorar la textura de otros alimentos, se usan sodio alginato, goma de tragacanto y saponin que ocasionan o aceleran problemas digestivos, al aparato reproductor y tumores pulmonares. Otras sustancias como el peróxido de benzoil, alumbre, sulfato de aluminio sódico, silicatos, cera de parafina y calcio disodio, influyen en la aparición de úlceras en el estómago, y desórdenes sanguíneos.

La sabiduría bíblica enseña, la moderación en la alimentación en los presentes términos: “Hijo mío, muestra en el comer que eres dueño de ti mismo, y evita las cosas que te hagan daño, pues no todo es bueno para todos, ni a todos les sientan bien todos los alimentos. No te abalances sobre todo lo que más te guste, ni te dediques a comer todo lo sabroso. Porque en las muchas exquisitas comidas exquisitas anida la enfermedad, y el mucho comer produce náuseas. Por falta de moderación, muchos mueren; pero el que se domina tiene larga vida”. (Eclo. 37.27-31.)

Y es que desde tiempos ancestrales, los hábitos de nuestras sociedades en el comer han sido propensos al abuso y actualmente el asunto ha empeorado, al dejar de comer sano, y donde la gente prefiere llenar sus estómagos con la famosísima “comida chatarra”, cosa que con el paso de los años y otras veces de manera precoz, convierten a los individuos en una verdadera calamidad, donde abundan las dolencias crónicas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos