Análisis del primer verso del Evangelio de Juan

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Con este artículo empezaré un análisis profundo de los primeros dieciocho versos del Evangelio de Juan. Estos versos célebres son fundamentales porque describen la esencia misma de Jesucristo, el Verbo que se hizo carne. Los versos sucesivos, del verso diecinueve del primer capítulo, hasta el fin del cuarto Evangelio, están compuestos por una serie de episodios históricos que confirman las afirmaciones hechas en los primeros dieciocho versos del Evangelio.
Primero que todo, veamos el primer verso del Evangelio de Juan:En el principio era el Verbo, 
y el Verbo era con Dios, 
y el Verbo era Dios. 

Esta es la correspondiente pronuncia en griego:

En archē ēn ho Logos
kai ho Logos ēn pros ton Theon
kai Theos ēn ho Logos

En la frase “En principio era el Verbo”, el verbo aparece en tiempo imperfecto.
El verbo griego es en, que significa “era”. En realidad en es el imperfecto del verbo griego eimi, o sea: ser. El Apóstol Juan nos dice entonces que “en principio”, o sea antes de la creación del mundo, antes de cualquier cosa, desde siempre, existía el Logos, que en español se traduce “la Palabra” o “el Verbo”. Por tanto, se podría concluir que Juan quería indicar que el Verbo existía antes de que hubiera cualquier inicio, antes de cualquier cosa. El Verbo era, por tanto, preexistente a cualquier cosa. Era la Causa Primera.
En esta primera parte del primer verso, el Apóstol Juan no está entonces interesado en explicar quién creó el mundo o quién existía antes de la creación, sino que simplemente está explicando desde cuándo ha existido el Verbo.
El sujeto es el verbo y el énfasis es su preexistencia desde el principio de los tiempos. Juan está empezando a describir quién es el Logos (Jesucristo), pero por ahora nos dice que él existe desde siempre, o sea, no tuvo inicio. Y es justo en el verbo en en griego donde se expresa perfectamente el concepto de eternidad. En práctica, antes de que existiera el tiempo, el Verbo era. El Verbo, por tanto, era y está fuera del tiempo. Es eterno.
Cuando el Apóstol Juan describe a Juan el Bautista (sexto verso del primer capítulo del Evangelio de Juan) utiliza un verbo completamente diferente: egeneto, que significa “vino”, que obviamente se refiere a un determinado tiempo histórico. Por tanto, hubo un tiempo en el cual Juan el Bautista no existía (obviamente antes de su nacimiento), pero no hubo un tiempo en el cual el Verbo no existía. El verbo en, por tanto, que se encuentra en los versos 1, 2, 4, 8, 9, 10, indica una existencia continua, mientras que el verbo egeneto, que se encuentra en los versos 3, 6, 10 y 14, se refiere a una existencia limitada.
Esta primera parte del primer verso del Evangelio de Juan es, por tanto, de fundamental importancia, porque nos dice que “antes de que hubiera un principio”, o sea, antes del tiempo mismo, el Verbo ya era.
¿Qué quería indicar Juan cuando escribió “en el principio”?
También en el primer verso del Génesis está la palabra “principio” (en hebreo: bereshit):

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 

La palabra griega utilizada por el Apóstol Juan en el primer verso de su Evangelio es arché, una palabra muy importante en el ámbito del Nuevo Testamento, cuyo significado merece ser profundizado. Es más, justamente del análisis de esta palabra se deduce que Jesucristo, siendo el Creador del mundo, no puede ser una simple creatura. Esta palabra puede ser usada tanto en sentido absoluto como en sentido relativo. Si se usa en sentido absoluto, se refiere “al principio o al origen de todas las cosas”. En el primer verso del Evangelio de Juan, la palabra arché  es usada en sentido absoluto, ya que no se especifica nada que limite la acción descrita.
La palabra arché con significado absoluto es utilizada también en el Evangelio de Mateo 19, 4; 24, 21; en el Evangelio de Juan 8, 44; en la primera Epístola de Juan 1, 1; 2, 13; 3, 8, etc. Un ejemplo podría ser el siguiente verso del Evangelio de Juan (6, 64):

Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 

Jesús sabía desde el principio quién lo traicionaría.
Volviendo al término arché, la mayoría de los estudiosos sostiene que puede ser entendido en forma pasiva o activa. Si es pasiva, es como si fuera el resultado de otra fuerza. Si, en cambio, es entendida en forma activa, debemos considerarla como “la causa de todas las cosas”.
Hay muchos pasajes del Nuevo Testamento que indican que Jesucristo es el Creador del mundo y no una simple creatura. Por ejemplo, el tercer verso del Evangelio de Juan:

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 

La palabra “todo”, se refiere a “cada cosa”. Si el Verbo, Jesucristo, fuera una creatura, habría creado todo, menos a él mismo. Pero en el tercer verso está escrito: “todo”, entonces significa que el Verbo, Jesucristo, es la Causa Primera, habiendo creado cada cosa. Es una afirmación implícita de su plena Divinidad. La palabra “principio” es, por tanto, usada en forma activa. Se refiere a Jesucristo no como el primer resultado de la creación hecha por Dios, sino como la primera causa de la creación, o sea, como el único y el solo Creador. Él no podría haber sido la primera creatura si todas las cosas, incluido él mismo, fueron hechas por él.
Observemos ahora los siguientes pasajes de la Epístola a los colosenses (1, 15-18):

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 
Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 
Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 
y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

En estos versos, la palabra proototokos, traducida “primogénito”, se refiere a quien tiene la soberanía sobre toda la creación. El verso 16 describe que todas las cosas fueron creadas por medio de él y en vista de él. Entonces Pablo de Tarso precede al Apóstol Juan al indicar que Jesucristo es el Creador. Y en el verso 17 dice que él no solo es el Creador de todas las cosas, pero que ellas en él subsisten. En el verso 18 se usan las palabras arché, “principio” y proototokos, “primogénito”.
Hay otros versos donde Jesucristo afirmó “ser” desde siempre, o sea, desde el principio. Por ejemplo, en el Evangelio de Juan (17, 5):

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. 

Ahora analicemos la palabra Logos. ¿Por qué Juan utiliza esta palabra para definir al Creador del mundo? Obviamente el Creador existía antes de todas sus creaturas. Y el Creador debe tener obligatoriamente una inteligencia, una mente. Solo en las palabras griegas ho Logos podía encontrar el significado exacto de lo que quería y debía expresar.
Aunque el término Logos era común en el mundo helénico (por ejemplo, a partir de la filosofía de Filón de Alejandría), varios teólogos piensan que Juan tenía en mente la palabra hebrea memra, traducida en la Biblia de los setenta como Logos.
Logos significa, ante todo, “palabra”, entonces Jesucristo es la Palabra de Dios. De Logos se derivó la palabra “lógica”. Juan quiere entonces mostrarnos que detrás del mundo creado está la inteligencia, y no el azar. Pero la inteligencia puede existir solo en una persona, en efecto Juan describe que el Logos es Jesucristo, por tanto no una fuerza impersonal o abstracta.
Jesucristo no fue simplemente un Verbo, sino “el Verbo”. En efecto, esta es la razón por la cual el artículo definido está usado antes de la palabra Logos: en arché en ho Logos.
Pasemos a analizar ahora la segunda parte del primer verso del Evangelio de Juan:

y el Verbo era con Dios, 

Aquí el Apóstol Juan nos señala que el Verbo, aun siendo la Causa Primera, o sea el Creador del mundo, no es la misma persona que Dios Padre. En el verso 18 del primer capítulo del Evangelio de Juan se nos presenta la relación filial que existe entre dos de las tres personas de la Trinidad, el Padre y el Hijo:

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. 

“Dios, nadie lo ha visto nunca”, se refiere a Dios Padre. La palabra monogenees, que se traduce como “unigénito”, significa “de la misma sustancia”, que además siempre ha estado en el seno del Padre. La diferencia es entonces entre el Hijo, o sea el Logos eterno, y el Padre, justo porque el primero se hizo carne, (Evangelio de Juan 1, 14). Sin embargo, ambos, junto al Espíritu Santo, citado en otros numerosos pasajes del Nuevo Testamento, son de la misma sustancia, entonces son “Dios”, aun teniendo personalidades diferentes.
El verbo que se usa en la segunda parte del primer verso del cuarto Evangelio es en, igual al que se usó en la primera frase, o sea el imperfecto del verbo eimi, ser. Una vez más, Juan usa este verbo para indicarnos que el Verbo era con Dios desde la eternidad del pasado, o sea, desde siempre, desde antes que el tiempo fuera. Por tanto, el Verbo no adquirió una posición íntima con el Padre en un cierto momento histórico, sino que el Verbo ha estado siempre con el Padre. No existió nunca un tiempo en el cual el Verbo no fuera con el Padre. Este es el significado del verbo en en imperfecto. Y esta es también la razón por la que el Espíritu Santo eligiera el griego como lengua para utilizar en el Nuevo Testamento, de manera que la revelación para nosotros pudiera ser absolutamente clara. En efecto, en otras lenguas no hubiera sido posible expresar la eternidad de Jesucristo y su presencia infinita con el Padre. El término español “era”, de hecho, no transmite del todo la idea de la eterna coexistencia del Logos con el Padre.
Otra palabra importante de la frase es pros, o sea: “con”. Pros es traducido “con” pero transmite la idea de “hacia”, para expresar un movimiento. Juan con este término pros quería posiblemente indicar que el Logos y el Padre estaban unidos en una eterna comunión. No era que el Logos siguiera al Padre, porque eso implicaría una dependencia del Logos hacia el Padre. Estaban en perfecta armonía y comunión desde la eternidad. Si lo consideramos, Jesús se refiere constantemente al Padre en el Evangelio de Juan, y especialmente en el capítulo 17. Jesús ruega al Padre por nosotros. Su fin único es perdonar nuestros pecados con el fin de conducirnos al Padre.
Analicemos ahora la tercera parte del primer verso del Evangelio de Juan:

y el Verbo era Dios. 

Hasta ahora hemos visto que el Verbo era eterno, y coexistía desde el principio con Dios Padre. Pero si era eterno, y si era la Causa Primera, no podía ser sino Dios mismo. En la versión griega original, la palabra Dios está puesta inmediatamente después de la conjunción “e”, y no al final de la frase. En efecto, en algunas versiones de la Biblia, la frase “kai Theos en ho Logos” está traducida: “y Dios era el Verbo”.
No hay un artículo definido antes de la palabra “Theos”. Este hecho indujo a algunos grupos de personas (en este caso aquellos que querían divulgar la idea de que Jesucristo era una persona inferior al Padre, un ser creado, en vez del Creador eterno), a traducir esta palabra como “un Dios”, en vez de “Dios”.
En la gramática griega, normalmente el predicado no lleva el artículo, mientras el sujeto de la frase lleva el artículo (1). En efecto, en esta fase, el sujeto (el Verbo) lleva el artículo definido, mientras el predicado (Dios) no lo tiene. Si Juan hubiera puesto el artículo frente a la palabra “Dios” y frente a la palabra “Logos”, las dos palabras serían intercambiables y la frase se hubiera podido traducir: “y el Dios era el Verbo”. En este caso, el Verbo se habría transformado en el predicado y Dios en el sujeto. Por la misma razón, en la frase transmitida en la Primera Epístola de Juan (4, 16): “Dios es amor”, el artículo ho está delante de Theos y no delante de amor. En efecto, el sujeto es “Dios” y no “amor”. Si hubiera artículo definido también delante de “amor”, se podría decir tanto “Dios es amor” como “Amor es Dios”. Pero, en este caso, el Dios de la Biblia no sería una persona, sino una cualidad abstracta.
Si la tercera fase del primer verso del Evangelio de Juan tradujera: “y el Verbo era un dios”, como hacen los testimonios de Jehová, entonces tendríamos que traducir “un dios” todas las veces que se usa la palabra griega Theos sin el artículo definido. Por ejemplo, en el verso 18 del primer capítulo del Evangelio de Juan, que se traduce “Dios, nadie lo ha visto nunca”, tendría que traducirse: “el Dios, nadie lo ha visto nunca”, y esto sería absurdo, ya que Dios es único.
Por tanto, podemos afirmar que Juan omitió el artículo ho antes de la palabra “Dios” por el hecho que quiere comunicarnos la característica general del Logos, que es Dios en su esencia y en todos sus atributos. En efecto, la palabra “Theos”, o sea “Dios”, sin artículo quiere significar la noción general de Dios, o sea la Causa Primera, el Absoluto. Juan quiere entonces enfatizar la naturaleza misma del Verbo, que es igual a la del Padre.
El Apóstol Juan quiere entonces comunicarnos que Jesucristo no era “divino”, sino que era (y es) “Dios”, en su plenitud. Si hubiera querido comunicarnos que Jesucristo es “divino”, habría podido usar la palabra “theios”. Existe una gran diferente entre las palabras “theios” y “Theos”. Los términos no son en absoluto intercambiables. Lo que es divino no es siempre Dios, pero Dios es siempre divino. De theios derivan las palabras theiotees, Divinidad, y theotees, deidad.
Es, por tanto, totalmente errado traducir la tercera parte del primer verso del Evangelio de Juan como “y el Verbo era divino”, ya que la palabra que se usa es “Theos”, “Dios” y no “theios”, “divino”. Jesucristo, por tanto, no era un hombre que alcanzó la divinidad, sino que era Dios que se humilló a sí mismo para poder asumir la naturaleza humana además de su naturaleza divina, que no abandonó nunca (ver Epístola a los filipenses, capítulo 2).
Resumamos los conceptos expresados en este artículo.

En el principio era el Verbo 

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) ha existido desde siempre, desde la eternidad.

y el Verbo era con Dios

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) ha estado desde siempre en perfecta armonía y comunión con Dios Padre.

y el Verbo era Dios

Significa que el Verbo (o sea Jesucristo) era y es Dios desde siempre, en su total plenitud.

YURI LEVERATO
Copyright 2016

Traducción de Julia Escobar Villegas
julia.escobar.villegas@gmail.com

Bibliografía: Spiros Zodhiates, ¿Cristo era Dios?

Notas:
1-A.T. Robertson, Grammar of the Greek New Testament (Doran, cuarta edición, pág. 767).


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