Anécdotas y hechos históticos

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Algunos recuentos históricos refieren que en los años 1700, siendo Felipe IV, Rey de España, y en razón a la inmensidad del dinero que se ha había enviado desde la Corona para la construcción de las fortificaciones de Cartagena de Indias, lleno de entusiasmo pensó que podría ser lógico que desde el balcón del Palacio del Escorial, en Madrid, ataviado de instrumentos ópticos pudiera alcanzar a divisar las murallas y las otras obras de protección que para la ciudad se habían dispuesto para contrarrestar los ataques de piratas y corsarios.

De Pedro de Heredia, también se ha dicho que en más de una ocasión fue sorprendido con vasijas repletas de oro que debiendo enviar a la Corona se había reservado para sí mismo no dando cuenta de ellas a los reyes, razón por la cual varias veces fue requerido en el Palacio Real de Madrid para rendir indagatoria sobre sus indecorosos y desleales procedimientos contra las arcas oficiales.

Pero, al igual que sucede hoy día, Heredia, todas las veces que fue llevado ante los tribunales de la Corona no solo fue exonerado de toda culpa sino que siempre regresaba a su fundada Cartagena de Indias cargado de muchos más honores.

Cabe preguntarse entonces, ¿Dónde nos corresponderá asomarnos para ver si algún día alcanzamos a divisar con ilusión ver convertida en realidad la culminación de las obras que finalmente pondrán en funcionamiento la vergüenza nacional llamada Transcaribe?

¿O desde que balcón nos asomaremos para ver si algún día logramos saber hacia dónde se fueron gran parte de los doscientos cincuenta mil millones de pesos que el Honorable Concejo Distrital de Cartagena le autorizó al alcalde Dionisio Vélez?

¿O también cabe preguntarse, ¿Dónde nos corresponderá asomarnos para ver si algún día alcanzaremos a divisar a dónde se fueron los ríos de dineros de la contratación en salud, educación y sector agropecuario que el mandatario departamental, señor Gossaín, no ha podido explicar?.

Este veinte de julio, se conmemora otro aniversario, en que un humilde campesino boyacense, Pedro Pascasio Martínez, no se doblegó ante el soborno que le propuso el derrotado militar y comandante de ejército español, José María Barreiro, en los hechos ocurridos en la conocida batalla de Boyacá.

Suponemos, desde luego, que el problema de las conductas indecorosas que vivimos, y que agobian a la administración pública, tienen mucho de connotación genética; no fácil de erradicar.

Ojalá Dios permita que la información genética de deshonestidad e indecoro que dejaron los perversos conquistadores, y que aún persisten en muchos de los que nos gobiernan, sea renovada con la de pulcritud de nativos como Pascasio.

Álvaro Morales