El amor cautiva a la mayoría de las personas a lo largo de sus vidas. El amor lleva a las personas a viajar al otro lado del mundo, a cambiar de ciudad y a “pararse de cabeza” por la persona que les importa.

Así como hay errores de concepción críticos con respecto al matrimonio que desafían la capacidad de las parejas de construir relaciones duraderas, en la misma medida también es mal entendido el concepto del amor. Dado que es el pegamento que mantiene unido al matrimonio, a la familia y a la sociedad, vale la pena clarificar y entender al amor: qué es realmente y cómo se lo puede desarrollar.

Desde el profundo concepto de la kabaláh judía, el amor es libertad y lealtad. No debe haber cuestionamientos ni dudas, ni miedos, porque el amor solo sucede. De cualquier forma debemos recordar que si una relación no funciona, no deberíamos considerarla como un fracaso sino como una experiencia que te enseña algo nuevo. No debemos recordar solo el dolor, sino también centrarnos en que es una oportunidad para crecer y aprender.

Ahora veamos algunos conceptos religiosos que nos dan luz sobre este hermoso tema.

Desde el Cristianismo el amor se define como querer lo mejor para el prójimo, por que pensamos en el amor como un sentimiento o emoción que debemos sentir siempre, y cuando cambia (como todos los sentimientos) pensamos que ya no amamos o no nos aman y afecta nuestras relaciones.

El amor si tiene un sentido emotivo, si tiene parte sentimental, pero no es solo un sentimiento o solo una emoción.  La parte emotiva o emocional es solo una expresión del amor, pero el amor en realidad es una acción, es un deseo, es querer amar, más que esperar sentir  amar.

Desde el Judaísmo  analizaremos qué es el amor, cuáles son las condiciones previas para crearlo, y de qué manera puede reforzarse dentro del contexto de estar casados con nuestra alma gemela.

Esperamos crear nuestros matrimonios en el siguiente orden: primero nos enamoramos y después nos casamos con la persona de la cual nos enamoramos. Pero el matrimonio no es un producto del amor, sino en verdad es lo que lo crea. De hecho, una de las principales funciones del matrimonio es proveer un campo apto para que florezca el amor y la felicidad.

Ésta es la manera en la cual muchas personas enfocan una relación: Consciente o subconscientemente, creen que el amor es una sensación (basada en la atracción física y emocional) que se genera mágica y espontáneamente cuando aparece el “hombre perfecto” o la “mujer perfecta”. Pero este tipo de amor puede deteriorarse con la misma facilidad cuando la magia “se acaba”. Así como uno se enamora fácilmente, así puede “desenamorarse”.

Compromiso y entrega cotidiana

El amor entre el hombre y la mujer es un fenómeno fascinante. La fuente de ese amor es el hecho de que ellos se complementan mutuamente, porque Dios creó a los hombres y a las mujeres incompletos por sí mismos, tal como dijeron los Sabios: “El hombre que no está casado no es un ser humano completo”. Por lo tanto, por sí mismo, el hombre es incompleto y no puede funcionar adecuadamente.

La completitud que logran mutuamente crea el amor, porque, como ya hemos visto, dar fomenta el amor. El amor que existe entre ellos los lleva a desear complacerse y satisfacerse mutuamente.

El amor es también dar. Pero el proceso real de dar desarrolla la misma conexión entre el que da y el que recibe. No hay mayor entrega que la de un esposo y esposa. Cada uno le da al otro. Cuanto más se da, mayor es la conexión.

Recuerda: “El deseo de dar antes que el de tomar, es la prueba de fuego del amor”.

Por: Lucy Angélica García Chica