Desde hace tiempo, Malena Gracia, artista polifacética, cantante, actriz, protagonista de gran número de programas de TV, en España, Miami e internacionalmente, una mujer con inquietudes literarias y una mujer que ha sido sigue siendo un icono, un símbolo de sensualidad y que fue la primera mujer española playmate, como en su día lo fue Marilyn Monroe.

Cuando apareció por primera vez en la pequeña pantalla destacó por su sensualidad y su aparente inocencia y sacudió a una generación. Muchos hombres la admiraban y muchas mujeres la enviaban y la criticaban ferozmente.

Hoy destaca por su buen hacer como actriz de teatro, con sus comedias, con sus actuaciones musicales y su implicación en la lucha por el COVID-19 apoyando desde el confinamiento a todos a seguir las normas, remodelando la letra de su canción “Loca” para convertirla en un himno contra la terrible pandemia que asola el mundo y especialmente a sus convecinos madrileños.

Ahora destaca aquí su lado más humano, más bondadoso independientemente de esa imagen de diva y de estrella, que lo es. Antes de nada es una persona de una humanidad inimaginable.

Hablando estos días con ella me dijo y transcribo: “Ahora tenemos el deber de la solidaridad con los más débiles, los abandonados, enfermos y los que se encuentren en la mayor de las soledades que esta pandemia impone al mundo. Es el mejor deseo para dar sentido a la vida en estos momentos en los que el mundo, las personas se definen a sí mismos, no por su propia identidad , sino por la de los demás. Porque en estos momentos la concordia, la solidaridad y la ayuda mutua son los únicos medios que no sólo nos permitirá vencer sino superar esta gran crisis sanitaria y humana”

Ella no es sólo esa artista destaca y reconocida, sino una persona `plena religiosidad, y de una humanidad que supera su propia belleza, inteligencia y arte.

Por: José Luis Ortiz