La iconoclasia (destrucción de las imágenes sacras) del siglo VII en el imperio de Oriente (Bizantino) durante el reinado de León III el Isauro, ocasionó una serie de martirios contra los cristianos veneradores de las imágenes, y figuras sacras. Es más, la Iglesia en Oriente sufrió un cisma interno, pues algunos clérigos estaban a favor de la iconoclasia del rey y otros en contra. En el año 726 León el Isauro publicó el terrible edicto que pretendió destruir la presunta idolatría, que se había introducido en la Iglesia. Entonces las imágenes de Jesucristo, la Virgen y lo santos fueron vistas como formas idólatras.

Los abusos del Isauro condujeron a destruir templos y oratorios, por eso los patriarcas san Germán y san Juan Damasceno intentaron convencer al tirano, pero León sostuvo su enconada posición contra la Iglesia en Occidente y hasta intentó derrocar al Papa Gregorio III (731-741).

Los Papas sucesores de la época también debieron enfrentarse a León, luego de su muerte le sucedió su hijo Constantino V el Coprónimo, el cual prosiguió su persecución. En ese tiempo aparecieron también sacerdotes apóstatas contra las verdades sacramentales como el bautismo, de hecho el sacerdote escocés Samson consideraba inútil tal sacramento.

En el 754 Coprónimo convocó en el templo de Santa Sofía a un concilio iconoclasta. Estas situaciones le dieron más fuerza a las persecuciones al punto de causar santos mártires como san Esteban abad, san Andrés Calabita de Creta y san Pedro Estilita. En el 755, Coprónimo después de 34 años de perseguir a la Iglesia en Oriente cayó en una enfermedad grave y dolorosa, entonces intentó expiar sus crímenes al intentar restablecer la veneración de las imágenes religiosas, pero era tarde dado el gran daño que habían sufrido muchos.

Le sucedió su hijo León IV, el cual resultó iconoclasta, pero su reinado duró poco dado que murió. Su esposa la emperatriz Irene que era una católica respetuosa de las iconografías, aprobó el sétimo Concilio de Nicea realizado en el templo de San Sofía, e incluso allí se condenó al Concilio Iconoclasta del 754. Las actas fueron firmadas por Irene y su hijo Constantino IV y dirigidas al Papa Adriano I.

Pero la gran pregunta es ¿por qué apareció la iconoclasia a partir del León el Isauro? Creámoslo o no, su actitud fue influenciada por las creencias del islamismo que tanta injerencia tuvieron en el Asia Menor. Es más, Mahoma desde que empezó a exponer su doctrina sediciosa, hizo la guerra a las iconografías.

Y es que ese raro “profeta” tomó al pie de la letra las enseñanzas del Antiguo Testamento que dictaba una posición contra la idolatría, pero lo que no supo entender es que en tiempos posteriores los verdaderos cristianos no tenían la tendencia a adorar imágenes paganas. Claro lo irónico es que los musulmanes pese a compartir la posición iconoclasta de reyes bizantinos como el Isauro, Coprónimo y sucesores, no por eso fueron amigos, en cambio a menudo los musulmanes, intentaron apoderarse de los reinos cristianos de Oriente.

A finales del siglo XIX y principios del XX también surgieron una serie individuos como Federico Engels, Karl Marx, Lenin, y gobernantes como José Stalin entre otros, de mentalidad atea, que atentaron contra el cristianismo. Entonces, pronto ejercieron influencia en las masas y detentaron gran poder político, al punto de empezar a destruir templos cristianos y sus imaginerías. Esa fue una época de terror pues muchos fieles fueron asesinados solo por exponer sus símbolos de fe.

Entendemos entonces como la Iglesia iconográfica ha sufrido, una serie de vejámenes y derramamiento de sangre, a través de los siglos.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos