El concepto tradicional de prostitución, es aquel que lo vincula a los actos sexuales donde media el dinero. Comúnmente la prostitución se ejerce en un local o aposento llamado burdel o en un motel. Sin embargo, la prostitución en los últimos cincuenta años ha generado otras formas o variantes, como son la pornografía y el modelaje de mujeres y hombres. Entonces, las anteriores actividades reflejan la falta de pudor de personas que con tal de ganarse algún dinero, venden su imagen y su cuerpo.
La moral de la Iglesia a través del catecismo de forma directa define los conceptos e implicaciones de la pornografía y la prostitución.

Por eso el numeral 2354 dicta: “La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, puesto que queda fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para el otro objeto de un placer rudimento y de una ganancia ilícita. Introduce a unos y a otros en la ilusión de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico”.

El numeral 2355 explica:La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, puesto que queda reducida al placer venéreo que se saca de ella. El que paga peca gravemente contra sí mismo: quebranta la castidad a la que lo comprometió por el bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo. La prostitución constituye una lacra social. Habitualmente afecta a las mujeres, pero también a los hombre, niños y los adolescentes (en estos dos últimos casos el pecado entraña también un escándalo). Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta”.

Los anteriores enunciados entonces pueden hacernos entender que, la codicia hace que tales actividades se nutran más, por otra parte el mundo actual está ayuno de valores espirituales, y a eso se suman una serie de ideas hedonistas y libertinas que argumentan, el sexo se debe realizar sin ningún tabú ni vínculo moral, pues es visto como un derecho biológico, y como una decisión de cada persona. Pese a lo anterior, a la luz de la moral cristiana ninguna de esas cosas son válidas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos