Todo altercado por lo común se inicia por motivos insignificantes, pero en el transcurso de un conflicto de éstos, la gente acude al baúl que contiene insultos, insolencia, prepotencia y otros pertrechos que alimentan el fuego de la discordia.

Algunas veces entre los individuos involucrados sale uno presuntamente airoso, pero en realidad lo que éste logra es mantener un ego artificial, al haberse impuesto ideas erróneas.

Las personas tercas y prepotentes son absolutistas, al no aceptar que el mundo está lleno de valores relativos.

Los tercos viven invadidos por un orgullo enfermizo, y dan por verdades inmutables sus propias creencias, aunque en el fondo sepan de su equivocación.

Los tercos e irascibles no llegan a buen término, pues las constantes divergencias y discusiones que tienen con los demás, se vuelven tropiezo para llegar a una solución clara.
Es cierto, que a veces a la hora de discutir sobre algunos temas, estos son tan difíciles de resolver que al intentar sacar deducciones convincentes se, generan discordias.

En tales casos lo mejor es, dejar el tema insoluto y que cada cual se marche con sus propias apreciaciones hacia su casa. Y solamente cuando se trate de situaciones de trascendencia para la toma de decisiones muy importantes se debe tratar de llegar a un acuerdo, mediante consenso y posterior a un estudio previo de tales situaciones.

Eso sí, es necesario concluir con las palabras de Jesucristo: “La verdad os hará libres”, sí, porque ésta nos libera de mentiras, fanatismo, falsas creencias y otras actitudes erróneas, pues al estar en la verdad no habrá terquedad, en cambio estaremos en la luz verdadera.

Además, si nos apegamos a las reglas de oro para evitar altercados, nuestra vida mejorará bastante, entonces tengamos presente:

  1.  Dar cuando sea pertinente “la razón” a los tercos, aunque finjamos ignorar lo que en realidad sabemos.
  2. Expresar nuestras opiniones solo cuando sea prudente y forzoso hacerlo.
  3. Disimular, aunque las otras personas hagan comentarios indiscretos o arremetan contra nosotros, lo cual no nos quitará la cortesía ni valentía.
  4. Evitar los chismes o comentarios innecesarios.
  5. Huir de involucrarnos en ciertas situaciones, si sabemos de antemano que, estas pueden empeorar las relaciones sociales.
  6. Mantener la lejanía de las personas que se encuentran histéricas, en un momento dado.
  7. Pedir consejo al Espíritu Santo para que nos inspire lo que debemos decir o callar. Pero ante todo tengamos ¡humildad!, y así seremos más felices y triunfadores.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Escritor y comentarista de temas cotidianos