Muchas veces, los varones somos misóginos (al odiar de alguna manera a las mujeres) y autoritarios, sin embargo, tales conductas son producto de milenarios patrones sociales de la humanidad, es más algunos hombres ven a las mujeres como esclavas, simples objetos de placer y para la procreación. Pero la peor ironía del misógino, es que durante el galanteo o conquista a una mujer, demuestra ser un individuo casi perfecto algo así como el ansiado príncipe azul, pero una vez obtenida su conquista, se transforma en el peor dragón que atrapa y encierra en una cueva o tenebroso castillo, a una doncella.

Algunos misóginos arremeten contra todas las mujeres, sean madres, hermanas, amigas y compañeras de trabajo. Hay muchos misóginos que son cínicos, hipersensibles, con baja autoestima, inestables emocionales, egoístas, soberbios e irancundos, pero lo peor del caso es que a pesar de asegurar que aman a sus mujeres, son capaces de destruir cualquier relación conyugal y eso hasta trasciende a la desintegración familiar, donde los hijos son muy afectados.

Sin embargo, las conductas misógino-machistas bastantes veces son fortalecidas por las mismas mujeres, cuando se hunden en la sumisión, por el temor a creer que ellas en verdad son merecedoras, de esos actos atroces que sus compañeros cometen.

Susan Forward especialista escribió: “Lamentablemente, las señales del misógino son siempre cambiantes. Lo que le agrada un día puede no agradarle al siguiente.”

Forward añade respecto a la conducta de algunos misóginos: “Los acontecimientos más significantes provocan un estallido (de ira aclaramos) porque los exagera, haciendo una montaña de un grano de arena.”

La misoginia es un problema de preocupación social, pues en el mundo actual se han incrementado los femicidios, y lo grave es que en la mayoría de veces de nada valen las supuestas medidas de prevención, dictadas por las instituciones de defensa femenina.
El machista o misógino, en el plano de las relaciones sexuales con su mujer, comúnmente es egoísta y como es de saber lo que le importa es satisfacerse él.

El matrimonio de Tim y Beverly La Haye en su libro ‘El acto matrimonial y la belleza del amor sexual’, han expuesto: “(…) Todas las funciones normales del cuerpo se ven debilitadas cuando la persona está fatigada. Una esposa cansada difícilmente será una esposa amorosa, capaz de corresponder con pasión, y por ello sus posibilidades de plenitud orgásmica se verán disminuidas. Por esta razón, el proceso amoroso debe ser reservado para aquellas horas cuando, ambos esposos se encuentran descansados, y por la misma razón, el deseo de hacer el amor debe ser espontáneo.”

El párrafo anterior refleja la barbarie de que son víctimas muchas mujeres, y es que para algunos hombres es bastante difícil romper esas cadenas de enfermiza virilidad, pues habrán tenido papás machistas que les han enseñado una serie de mitos y esquemas, de cómo deben ser frente a las mujeres, es más, existe una frase a veces común de ciertos hombres, cuando están frente a su compañera o esposa y es: “usted no opine, porque usted es mujer y no sabes nada”, lo cual implica una agresión psicológica.

Todavía hace unos cincuenta o sesenta años, era común en la mayoría de sociedades del mundo que los varones se creyeran ser los principales rectores de las principales decisiones en el mundo económico, político y familiar. Pero algunas mujeres valientes, tildadas en aquellos días de necias amazonas paulatinamente empezaron a hacer valer sus derechos, o de igualdad de género. Claro, en ese afán muchas no supieron entender esa liberación femenina y cayeron pronto en el libertinaje, hasta denigrar ciertas cualidades y deberes que han de cumplir las mujeres, en afán de un sano complemento con respecto al varón.

Y es que por factores incluso biológicos la mujer ha de sentir y tener necesidades que ningún hombre podrá entender con plenitud, claro cuando empieza a mediar en un varón la verdadera luz espiritual, podrá ser más abierto al diálogo y más humilde a la hora de escuchar, lo que las mujeres necesitan expresar.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos