El perfeccionismo por las cosas materiales, es un aspecto que obsesiona a muchos individuos hasta el colmo de llevarlos a caer, en una especie de esclavitud. Entonces, esas personas se obsesionan por la limpieza de su hogar, por el orden de sus cosas, y si son jefes de trabajo se tornan en tiranos de la eficiencia.

Además, los perfeccionistas se vuelven competitivos al extremo, y hacen lo que pueden para alcanzar más y más nivel social, y económico. En cuanto a su temperamento algunos demuestran una conducta arrogante y de mal genio, aun cuando ellos mismos no logran sus objetivos en el tiempo y bajo las circunstancias, en que se lo propusieron.

El perfeccionista de esta clase, por eso cae a menudo en estados emocionales patógenos que desembocan en estrés, depresión, ansiedad e histeria, e incluso caen en la insatisfacción y autoculpa.

Pero, ¿cómo podríamos entender a los perfeccionistas o conocer el origen de la conducta perfeccionista? El perfeccionismo puede ser un síntoma derivado de causas muy diversas. Entre éstas pueden estar ciertos traumas de la niñez, donde los papás comparan al niño con respecto a sus hermanos, chicos del vecindario o sus parientes, lo cual provoca un choque emotivo en la víctima que la hace buscar un mecanismo de compensación, entonces para demostrar a los demás que sí tienen grandes capacidades, se vuelven perfeccionistas.

Luego, las gentes con muy pobre estima ante un defecto físico, falta de dinero, o el hecho de haber sido ignoradas por los demás desembocan tarde o temprano, en tal comportamiento. Pero lo más irónico de los perfeccionistas de este tipo, es que nunca se esfuerzan por lograr el perfeccionismo espiritual, o sea, son mediocres cristianos o simplemente agnósticos.

Sin embargo, muchos perfeccionistas irónicamente se justifican al decir que, ellos al luchar por la perfección de las cosas, de alguna manera hacen un mundo perfecto, pero si esa perfección no tiene sentido solidario, no pasará de ser vanas palabras e hipocresía.

Además, el germen de maldad y egoísmo muchas veces de manera sutil le mete a las mentes una serie de mentiras y falsos valores, para convencerlos que el perfeccionismo mundano, es lo único que vale.

En cambio hay personas que con claridad entienden que sus dotes están en la santidad, la sencillez, el desapego del lujo, y tratan de practicar la caridad al prójimo. Entonces, el individuo con este perfeccionismo es sabio, pues entiende que lo mejor es imitar la perfección de Cristo para llegar a una vida eterna gloriosa y de constante adoración a Dios, que es autor de todo lo creado.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos