alcaldia de cartagena

Cada vez que el alcalde Dau espeta sus ya cotidianas y destempladas expresiones, sin lugar a dudas, ásperas, duras y hasta subidas de tono, esta ciudad cundida de “santurrones” se asombra, hipócritamente, como si en la historia de la humanidad, antigua y reciente, hubiera sido el único que sin recato se atreviera o se haya atrevido a hacerlo, exponiéndose naturalmente, y hasta “dando papaya”, como coloquialmente se dice, a la desconsideración y hasta a la apertura de un expediente disciplinario.

Para que lo vayan sabiendo y recordando, Dau no es ni ha sido el único, repito, de un comportamiento áspero con sus palabras, probablemente, originado y heredado de su raíces sirio-libanesas o de sus tiempos de juventud.

Probablemente, no palabras del mismo tenor como las de Dau, pero duras y ásperas se conoce que salieron de la boca de personajes de la talla intelectual del libertador Simón Bolívar, del ex primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill y de los escritores Mark Twain y Gabriel García Márquez, entre muchos.

De casos más recientes y recordados, están las palabras de grueso calibre que el ex presidente Alvaro Uribe le asestó a un reportero gráfico, evento, por demás, famoso y recordado.

También son de recuerdo las desaguisadas y constantes palabrotas a las que pareciera que ya nos tiene acostumbrado Donald Trump; así como las que aún continúa diciendo el exalcalde de Barranquilla, el conocido “cura Hoyos”, pero hay otras más frescas, las de Rodolfo Hernández, el exalcalde de Bucaramanga.

Pero en otro campo, el espiritual, y así están consignadas en las Sagradas Escrituras, son las durísimas palabras que Juan el Bautista y Jesús de Nazaret enrostraron a sus discrepantes fariseos, los cuales parece que hubieran dejado parte de su herencia de hipocresía en la ciudad de Cartagena.

A Bolívar se le atribuye la frase: “La gente bruta no sirve para nada…Pero, Bolívar, no podemos escribir eso, le dijeron, entonces él remató la frase diciendo: “un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”.

Churchill dijo, “Odio a los indios. Son un pueblo asqueroso con una religión asquerosa”; y a Sir George Bernard Shaw se le atribuye esta otra: “Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo…y por los mismos motivos.”

De García Márquez, es muy conocida una muy dura frase, impublicale aquí, sobre la eterna condición de los pobres; y aquella del expresidente Uribe contra el fotógrafo Luis Fernando Herrera, conocido como “La Mechuda”, cuando a través de su línea telefónica le dijo: “Cuando lo vea le voy a dar en la cara, marica”; y el exalcalde Rodolfo Hernández les dijo a los bomberos de Bucaramanga que eran una fábrica para hacer chinitos pobres.

De la multitud de frases ásperas de Donald Trump, escogimos esta que en campaña presidencial le dijo a su contrincante, Hillary Clinton: “…que mujer tan asquerosa”; y de “el cura Hoyos” hay que recordar que “los madrazos” y otras impublicables las tenía siempre a flor de labios.

Pero entrando en el campo espiritual, y revisando palabras que Juan el Bautista encontramos una que les enrostró a los fariseos cuando los llamó, “generación de víboras”; y otras, igualmente duras que también Jesús de Nazaret les asestó a los mismos fariseos cuando les dijo: “¡hipócritas!, son como sepulcros blanqueados, bien arreglados por fuera, pero llenos de impurezas por dentro”.

Finalmente, aclaro que no estoy validando ese comportamiento ni haciendo apología a tales conductas, vengan de donde vengan, aunque con Dau pareciera que se cumpliera aquel refrán que dice que “al perro más flaco se le pegan las garrapatas”.

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018