En 1990, con el “Revolcón de Gaviria”, asumió la rienda del Estado Colombiano la generación de “yuppies” o “Panda de Los Andes”, nombres que distinguieron a tecnócratas preparados en dicho claustro universitario, quienes fueron los encargados de ejecutar las estrategias para imponer en Colombia el modelo neoliberal. Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe y Santos han tenido el denominador común de ser confesos del libre mercado, con cuya filosofía han “despatrimonializado” al país, envilecido los salarios de los trabajadores, empobrecido a las capas medias, convertido en mercancía los derechos fundamentales y esenciales, generado un ejército de desempleados e informales y conspirado contra el aparato productivo del país.

A pesar de lo importante que será para Colombia el Acuerdo de La Habana que busca desarmar a las FARC y su reinserción a la vida civil, a Juan Manuel Santos se le recordará por: su pésimo manejo de la economía, poca capacidad adquisitiva, desempleo, pobreza, servicios públicos caros, baja calidad de la salud y la educación, inseguridad y el asesinato de los líderes sociales, entre otras plagas. Es decir, acentuó los ya pésimos resultados de sus antecesores, especialmente de Álvaro Uribe, quien le encomendó la tarea de cuidarle “sus tres huevitos”, o sea: la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social. Santos en una entrevista dijo: “Esos tres huevitos se convirtieron en gallos de pelea”. Sí, claro: la población está en las manos de la delincuencia común y las bandas criminales, se calcula en cerca de 600 dirigentes sociales asesinados en su gobierno, las multinacionales se apropiaron de las empresas públicas y privadas y la miseria y pobreza solo bajan en las estadísticas del DANE.

Al asumir Iván Duque la presidencia, el pueblo queda notificado de que va a implementar su programa, que gira alrededor de los “tres huevitos” de su mentor Álvaro Uribe; por lo tanto, será “más de lo mismo”. Así que, por más técnicos, magister o doctorados que sean los funcionarios, todo estará dirigido a darle más gabelas a las multinacionales, y la seguridad consistirá en limitar la protesta social, como lo anunció su ministro de Defensa, para sofocar el descontento que producirán sus reformas tributaria, pensional, justicia y política. Cualquier tipo de acuerdo nacional, así llámese sobre lo fundamental, será para cumplir su programa o sea los compromisos con los Estados Unidos y la banca multilateral. Eso lo ratifican las características de su gabinete: neoliberales confesos, comprometidos con los negocios y de los afectos de Uribe. Para la muestra: Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, también lo fue de Uribe, período en el que “aumentó su sueldo y el de la alta burocracia, a la par que le eliminó la mesada catorce a los futuros pensionados, le subió los impuestos a los sectores populares y a la clase media y se los bajó a los magnates extranjeros… eliminó el impuesto de remesas a las trasnacionales, a un costo fiscal de $25 billones. Liquidó a menosprecio a Telecom, a la que, privatizada con otro nombre, el Estado le ha invertido $4,7 billones… El desastre de Reficar lo inició su decisión de privatizarla a favor de la trasnacional Glencore, que carecía de experiencia y se mamó del negocio, no sin antes dejarla enrumbada hacia sus enormes corruptelas”, denunció el senador Jorge Robledo. ¡De seguro, la crisis se profundizará!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias