«Avisaré cuando muramos»

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«Año de 1899. Se acercaba el fin del siglo. Un lapso de cien años de historia patria llegaba a su final. Un lapso que había empezado el país como colonia de España, con don Tomás de Acosta como gobernador, encontraba a Costa Rica como república soberana e independiente, con don Rafael Yglesias a la cabeza de su gobierno.

»¿Cómo era Tiquicia en aquel año de 1899? ¿Cómo se veía el panorama nacional al acercarse un nuevo siglo?….

»… “Negro. Así se presenta el horizonte de nuestra Patria —decía el periódico Blanco y Negro en su edición del 21 de enero de 1899—. Apenas hay quien pueda decir que tiene un pulmón sano en tratándose de la cuestión financiera. Todos, quien más, quien menos, experimentan la tremenda sacudida. La Administración Rodríguez, la construcción dispendiosa del Teatro Nacional, la baja del precio del café, el contrato de la casa de Corrección, el Ferrocarril al Pacífico; los síntomas de la guerra con Nicaragua y los nobles propósitos del Banco de Costa Rica, han puesto al país en insondable abismo…”

»Peor, en verdad, no podía estar la situación. Los efectos de la Administración de Rodríguez… cinco años después. ¡El Teatro Nacional!… cargando con su lote de responsabilidades. Y el café bajando… siempre bajando, en su eterno juego de poner en vilo a los cultivadores….

»… A brincos y a saltos llegamos a los meses últimos de 1899…. No [faltaron] los profetas…. Según el señor Falb, el mundo iba a terminarse el 13 de noviembre. La gente, claro está, se puso en guardia y los entendidos en la materia se aprestaron a observar el acabose. Un astrónomo envió el siguiente telegrama: “Aparatos listos para observar fenómeno. Avisaré cuando muramos…”

»Pasó el trece y nada: también pasó noviembre y llegó el mes de las ilusiones… y comerciantes, agricultores y obreros se aprestaron a celebrar el “magno acontecimiento” con unas espléndidas fiestas en el Parque Morazán.

»Los comerciantes, como siempre, anunciaban sus mercaderías a todo vapor: “Fin de siglo. Gran remate de telas al mejor postor.”… Y en el Teatro Nacional una… “función de la Compañía de Variedades Hispano Americana… se dio… ante escasa concurrencia…” El mal de siempre del Nacional», comenta al respecto el periodista costarricense Miguel Salguero en su obra titulada La Costa Rica que no todos conocemos.

De modo que cien años después, al final del siglo veinte, cuando volvieron a darse acontecimientos parecidos, en realidad no se dio más que el cumplimiento del proverbio que dice que no hay nada nuevo bajo el sol y del refrán que nos recuerda que la historia se repite. Pero conste que aun desde comienzos del siglo veintiuno ha habido otros que han pronosticado el fin del mundo. Gracias a Dios, para corregir ese error basta con que acatemos la respuesta que les dio su Hijo Jesucristo a quienes le preguntaron: «¿Cuál será la señal… del fin del mundo?»:

«Tengan cuidado de que nadie los engañe —les advirtió Jesús—. Vendrán muchos que… engañarán a muchos…. Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.»