Barrendero de esmeraldas

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Hace ya muchos años, el barrendero de un monasterio era instructor de artes marciales en el Ejército Rojo de Mao. Hasta que un día vio el universo en una gota de agua que se posó en el filo de su espada. Se retiró al templo de Shaolín y buscó completar su despertar compartiendo con los monjes el dominio de sus técnicas.

Pero un día salió a barrer en la entrada del templo y con la escoba apartó una piedra verde de inmensa belleza. El prior del monasterio le increpó diciendo “Pero ¿no te das cuenta de que se trata de una piedra preciosa de valor inmenso?” El barrendero alzó los hombros, no respondió nada y siguió barriendo. Pero el prior le metió la piedra en el bolsillo para que no olvidase que la contemplación no está reñida con el conocimiento del valor de las cosas.

El caso es que, cuando el antiguo instructor en el camino de la espada caminaba hacia un retiro en la montaña, llegó un aldeano corriendo hasta él y le dijo muy excitado “¡La joya! Dame la joya que llevas” “¿Pero qué joya me estás pidiendo, buen hombre?” “Es que he tenido un sueño y un espíritu bueno me dijo: vete al camino y encontrarás a un monje caminando que te entregará una piedra preciosa” “¡Ah! Le respondió el barrendero del monasterio. ¿Te refieres a esta piedra verde? Pues tómala si te apetece” Y sin más, continuó su camino.

El aldeano se la llevó a su casa y se pasó la noche sin poder dormir, contemplando aquella esmeralda y planeando todo lo que podría hacer con el dinero que le darían por ella. Pasó así una semana sin poder dormir y decidió liberarse de esa losa corriendo a caballo detrás del monje para devolvérsela. Cuando lo alcanzó, le devolvió la esmeralda y se postró a sus pies diciendo: “¡Dame la sabiduría que te permite desprenderte con tanta sencillez de semejante riqueza!”

Por: J. C. Gª Fajardo


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