Al parecer, Anis Amri, hoy de 24 años, llegó a Italia en 2011 como refugiado, donde fue albergado en un campamento de recepción para menores de edad en Sicilia. En el campamento habría causado daños materiales y cometido “distintos delitos”.

De acuerdo con el diario “La Stampa”, al parecer prendió fuego al campamento. Cuando cumplió la mayoría de edad fue detenido y llevado ante un tribunal, donde fue condenado a cuatro años de prisión. Tras cumplir con la condena, fue deportado, pero al parecer hubo problemas con las autoridades tunecinas. De esa forma, Amri pudo abandonar Italia y dirigirse a Alemania.

Anis Amri se convirtió en la persona más buscada en Alemania que emitió una orden de detención europea y ofrece hasta 100.000 euros de recompensa por pistas que ayuden a encontrarlo.

Vigilado, más no aprehendido

El joven, vigilado por las autoridades de Berlín hasta el pasado septiembre, centra las sospechas de las fuerzas de seguridad después de que ayer quedara en libertad el único detenido tras el ataque, en el que murieron doce personas y que fue reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Con la advertencia de que puede ser violento e ir armado, la Fiscalía Federal y la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA) pidieron la colaboración ciudadana y difundieron fotografías de Amri, que entró en Alemania en el verano de 2015 y vio cómo su solicitud de asilo era rechazada el pasado junio.

En la lista de “peligrosos” en Alemania

Figuraba en las bases de datos de personas peligrosas que manejan las fuerzas antiterroristas alemanas, pero los investigadores lo buscan al haberse encontrado documentación con su nombre en la cabina del camión que arrolló a los visitantes del mercadillo navideño, donde asimismo 48 personas resultaron heridas.

Era el certificado que recibió cuando su petición de asilo fue denegada y en el que le permitían seguir en el país porque no era posible su expulsión al carecer de la documentación necesaria.

El ministro del Interior, Thomas de Maizière, precisó después de comparecer en una reunión extraordinaria en el Parlamento que “es un sospechoso, pero no obligatoriamente el autor” del atentado.

El responsable de Interior de Renania del Norte-Westfalia, Ralf Jäger, explicó que fue en ese estado federado donde se iniciaron las investigaciones sobre Amri por su presunta implicación en un “delito grave contra la seguridad del Estado”, aunque ahora las llevaba Berlín, donde el joven residía desde febrero.

Las autoridades de Berlín explicaron más tarde que mantuvieron al joven vigilado desde marzo hasta septiembre ante las sospechas de que pretendía cometer un robo para comprar armas automáticas y, presuntamente, perpetrar después un atentado, pero el operativo se cerró al no hallarse pruebas que sustentaran las acusaciones.

Cambiaba identidades como de lugar de residencia

El centro de coordinación antiterrorista, con el que comparten información las diferentes administraciones regionales, cuerpos policiales y los servicios secretos, había intercambiado datos sobre su caso por última vez en noviembre.

Según explicó Jäger, el tunecino entró en Alemania a través del estado de Baden-Württemberg -una ruta menos frecuentada que las de Baviera- entre junio y julio de 2015 y desde entonces había demostrado una “alta movilidad”.

Su expulsión había quedado en suspenso porque no se contaba con la documentación necesaria; Túnez, reveló Jäger, negó durante cierto tiempo que se tratara de un ciudadano suyo y no envió los papeles requeridos hasta hoy, dos días después del atentado.

Contacto con círculos yihadistas

Amri era sospechoso de mantener vínculos con círculos islamistas en Alemania y, según el diario “Süddeutsche Zeitung”, se cree que estaba relacionado con una red que lideraba Abua Walaa, detenido el pasado noviembre en Alemania y acusado de captar y adiestrar jóvenes para enviarlos a combatir con el EI en Siria e Irak.

Según la descripción facilitada por las autoridades, el joven mide 1,78 metros, pesa cerca de 75 kilos, tiene el pelo negro y los ojos marrones y presenta alguna marca en el cuello y en la nariz.

La orden de detención europea incluye además seis identidades con las que puede estar moviéndose, con diferentes nombres, nacionalidades -egipcia y libanesa, además de la tunecina- y fechas de nacimiento.