Es la obra aislada más importante jamás compuesta en la India, recitada a diario por millones de personas de distintos credos que resume el pensamiento védico tal como se encuentra en los primeros libros, Vedas, Brahmanas y Upanishad. Leída y releída por millones de seres humanos sin creencias determinadas, agnósticos y hasta ateos, por supuesto fue uno de los libros que más me encareció y me comentó mi añorado Maestro, Raimon Panikkar, quien dijo en memorable ocasión: “Marché a India como cristiano católico, me descubría hindú y regresé budista”. Muchas noches ha reposado este querido texto bajo mi almohada, como suelo hacer en tiempos apropiados o de turbulencia y desconcierto. Pero siempre el Gîtâ me ha aportado y aporta paz, sosiego, sabiduría y luz. Parecerá a algunos una tontería, allá ellos, podría recitarles una serie de obras que durante más de sesenta años, cada una a su tiempo, han acunado mi sueño.

Escrita hace más de 2.500 años, suele presentarse como un episodio del Mahâbhârata, pero tiene vida propia y en opinión de muchísimas personas sabias y con el corazón a la escucha, es uno de los monumentos más excelsos de la literatura y de la sabiduría universal. Narra aparentemente el diálogo del Dios Krishna con el joven príncipe Arjuna antes de una batalla.

Bhagavad Gita

Pero el verdadero tema de la obra es la perplejidad del alma (Arjuna) ante las aparentes contradicciones y obstáculos que encuentra para obtener la victoria espiritual sobre sí mismo y sobre las propias pasiones. Krishna le enseña a discernir lo que ve, lo que se le presenta y a saber qué hay que hacer en cada momento: la sabiduría espiritual universal. El carro, con Krishna (que lleva las riendas y no lucha) y Arjuna (que sí lucha) en medio de los dos frentes en la batalla simbolizan el cuerpo con el Espíritu y el alma, en medio del combate espiritual, y los enemigos exteriores simbolizan las propias pasiones, la propia ilusión, las decepciones y los anhelos etc.

La Bhagavad Gîtâ nos muestra una pluralidad de caminos hacia la verdad. “La doctrina hindú no conoce nada semejante al exclusivismo occidental, para el cual una sola y misma vía debería convenir parecidamente a todos los seres, sin tener en cuenta las diferencias de naturaleza que existen entre ellos”, escribe René Guénon en “Âtmâ Gîtâ”.

No vacilo en recomendar firmemente la traducción de Francesc Gutiérrez, editada de forma impecable por José J. de Olañeta en Los pequeños libros de la sabiduría, con unos comentarios breves, substanciosos, sobre todo del gran Shankara (siglo VIII), del tipo de reflejos mentales que se suponen al lector, muchas veces opuestos a las tendencias de las personas de hoy, sobre todo occidentales, incluso interesadas en lo espiritual.

Por: J. C. Gª Fajardo


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