Bitcoin es un experimento monetario que desde su creación empezó a romper paradigmas sobre la concepción tradicional de lo que es el dinero. Entendido como efectivo virtual, desde sus inicios nació con el objetivo de convertirse en instrumento o mediador en las transacciones, delegando o reemplazando al papel moneda y a las tarjetas electrónicas emitidas por instituciones financieras. Con 8 años desde su nacimiento y la popularidad que han tenido las criptomonedas, es importante cuestionarse si en realidad son un avance en temas monetarios o si simplemente son un experimento condenado al fracaso.

La complejidad del dinero

Hay un álgido debate sobre la posibilidad de que las criptomonedas puedan ser usadas como dinero y este parte de una  cuestión crucial: ¿Qué es el dinero? En la teoría económica no existe consenso alguno que responda a esta pregunta; incluso, en diversos modelos económicos no se incluye o se trata como una variable exógena, lo que quiere decir que el propio modelo no es capaz de explicarla.

En un intento por entender qué es el dinero, se recurre a describir sus funciones: servir como unidad de cuenta o patrón de medida de los precios, reserva o depósito de valor y medio de pago. Además, debe poseer las siguientes características: homogéneo, no perecedero, divisible y debe poder usarse fácilmente en las transacciones. Si algo cumple con las anteriores funciones y características, puede considerarse dinero, pero existe un último aspecto importante: debe ser efectivo, es decir, que cualquier persona lo reciba, ya que la moneda tiene que ser el activo más líquido de una economía.

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El dinero funciona como un sistema contable a través del cual se puede determinar quién posee qué y quién debe qué, es un derecho de propiedad transferible, y ahí es donde el protocolo Bitcoin pudo llevar este concepto al mundo digital.

Nacimiento de bitcoin

El paper publicado por Satoshi Nakamoto en 2009 titulado “Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System” buscaba crear una versión electrónica del dinero en efectivo que permitiera realizar transacciones sin necesidad de recurrir a un tercero, como las instituciones financieras. El primer problema es el que se conoce como doble gasto: cuando un archivo es enviado a través de internet, en realidad se crean infinitas copias de este, por lo que si se considera usar un archivo digital como moneda, podría copiarse y realizar diversos pagos con un mismo archivo, lo que lo volvería inútil para funcionar como dinero.

Para solucionar esto, Nakamoto creó una red ‘peer to peer’ que registra las transacciones en una cadena de bloques en principio inalterable, denominada blockchain. Esta tecnología se aplica como si se tratase de un libro de contabilidad, en donde se plasman cada una de las transacciones realizadas, y además, tiene la propiedad de ser descentralizado, lo que quiere decir que la información contenida en cada una de las páginas del libro (bloques) no depende de alguien o algo en particular, sino de un conjunto de nodos independientes y distribuidos. Si se realiza algún cambio en la cadena de bloques, este debe ser aceptado por la mayoría de los nodos o será rechazado.

Es así cómo fue posible crear una moneda virtual descentralizada, donde la confianza que generalmente es establecida por el Estado a través de un banco central o un emisor monopolístico, es reemplazada por algoritmos y criptografía, lo que pone al proceso de creación de dinero más cerca de la transparencia e independencia.

Bitcoin como activo especulativo, su mayor obstáculo

El mercado de criptomonedas hoy vale más de $150.000 millones de dólares, que comparado con otras alternativas de inversión hay un largo camino por recorrer. Tan solo la bolsa de Nueva York tiene una capitalización bursátil de 21 billones de dólares, y Forex mueve en promedio 5 billones de dólares diarios.

En promedio se hacen 255 mil transacciones diarias con bitcoins, que han alcanzado a mover más de 2,5 mil millones de dólares en 24 horas, y los negocios que aceptan criptomonedas van en aumento. Un obstáculo sigue siendo el tributario, ya que el uso de criptomonedas puede prestarse para la evasión de impuestos, por lo que los establecimientos que abiertamente las reciben pueden estar siendo fuertemente vigilados.

La legalidad es crucial para que una moneda sea aceptada como tal, y ahí es donde el dinero virtual tiene el mayor problema, puesto que sin tener una entidad o institución que lo respalde, su adopción y aceptación como medio de pago no es tan inmediata, y los negocios llevados a cabo con esta carecen de un respaldo bajo los marcos jurídicos vigentes.

Un aspecto importante es el costo de las transacciones, inferior comparado con las alternativas que ofrece actualmente el sistema financiero. Bitcoin ha hecho posible enviar dinero desde y hacia cualquier parte del mundo a costos inferiores a un centavo de dólar, pero con la impresionante adopción de la criptomoneda, hoy en día un problema es el de la escalabilidad que ha ocasionado que las comisiones se eleven.

Adicionalmente, esto ha ocasionado que bitcoin sea una moneda ineficiente para los micropagos, es decir, que por motivo de las altas comisiones, realizar transacciones pequeñas sale relativamente costoso.

Con el auge alcista en el precio de bitcoin y en general del mercado de criptomonedas, la mayoría de personas vuelcan sus intereses sobre estas con la intención de usarlas no como medio transaccional, sino como activo especulativo, con operaciones de compraventa, lo que ocasiona que la idea original de ser medio de pago quede distorsionada y se convierta en una herramienta para hacer dinero rápido, desconociendo en muchos casos el alto riesgo que se incurre. Mientras que bitcoin se use como herramienta para el fraude y con el objetivo de enriquecerse rápidamente, seguirá siendo un problema para cumplir sus funciones como moneda.

Filosóficamente bitcoin es libertad y privacidad, el principio del sueño utópico de la democratización del dinero. Con la invención de la tecnología blockchain y Bitcoin, pensar que la gente tenga completo dominio sobre las transacciones que realiza no es algo imposible, y aunque hay muchos obstáculos que vencer, el dinero virtual parece convertirse en el primer paso hacia una real revolución monetaria.