Vivimos una época donde experimentamos todo tipo de maltrato sin límite de edad ni condición. El maltrato físico, verbal y psicológico están a la orden del día, no solamente en el hogar, sino en todos los lugares donde desarrollamos nuestras actividades en nuestra vida cotidiana. Por ello es importante reconocer dónde se origina la causa y trabajar en ello.

Cuando uno se valora lo suficiente, reconoce que es uno mismo la única persona que pone el ejemplo de como debe ser tratado. Uno sabe lo que permite y lo que no es aceptado.
El respeto emana de uno mismo. Uno sabe lo que permite y pone los límites hasta dónde deja que los otros lo puedan maltratar. Conocer y validar las emociones propias, ayuda a ser más empático con las emociones de los demás. Cuando uno acepta y reconoce cómo se siente y sabe lo que le lastima, reconoce y puede protegerse de todo lo que sucede a su alrededor. También se es una persona más compasiva.

Elige pensar positivo y trátate con amor y respeto. No creas las palabras que los demás dicen. Nadie conoce tu vida ni está dentro de tu mente o de tu corazón. Tú sabes quién eres, cuánto vales y lo que te duele cuando te hacen sentir mal.
Es fácil estar al pendiente del trato que se recibe de los demás. Fácilmente se pueden enlistar los episodios donde los otros maltratan, humillan, se burlan o hasta ignoran.
Las malas actitudes de los otros son claras, concretas y se pueden contabilizar inmediatamente

Sin embargo, es poco frecuente reconocer el maltrato y la humillación cuando es ocasionada por la persona misma.
El buen trato se inicia con uno mismo. Cuando uno se trata con dignidad y con respeto invita a que las otras personas hagan lo mismo. El diálogo interno y personal se proyecta en el trato externo.

Las emociones son importantes siempre y cuando se las pueda reconocer y controlar. Tener la claridad de que el trato que se permite de los demás es solo una reflexión del trato que uno se da a uno mismo.

Afirmación personal para tratarme como merezco ser tratado.

Me trato con amor y respeto. Vivo con dignidad y respeto la individualidad y el carácter de los demás. Me cuido y me protejo del maltrato porque yo soy una persona valiosa. Nadie tiene el derecho de lastimarme ni hacerme sufrir, ni siquiera yo debo hacerlo.

Entre mejor me trato, mejor me tratan los demás. Cuido mis pensamientos, mis palabras y mis acciones. Lo que hago es importante y tiene impacto.

Por: Lucy Angélica García.
Docente, Escritora y Columnista internacional