En el aspecto de los delitos, es común la expresión de que nadie es culpable hasta que se pruebe lo contrario. Sin embargo, la realidad plantea otra cosa, pues muchas veces tratamos con personas que hablan bonito y ponen caritas llenas de dulzura, pero con el paso del tiempo descubrimos que son personas peligrosas. Además, en muchos crímenes donde al principio se ignora quién fue el asesino, después de las investigaciones se sabe que el autor es un familiar o alguien allegado a la víctima. Y, cuando se esclarecen las cosas, y se entrevistan a los familiares o vecinos del occiso, estos dicen cosas como estas: “nunca pensé que ese (fulano) hiciera eso, pues se veía buena persona,”

Es más, en el noviazgo, es tan común que los varones al principio aparenten caballerosidad, y hasta dan costosos regalos a sus novias y tratan de complacerlas en todo. Pero cuando viene el matrimonio o se establece la unión de concubinato, pronto esos compañeros de pareja sacan las uñas y se transforman en monstruos, prueba de eso está en los crímenes pasionales que vemos en las noticias.

Por otra parte, encontramos en la calle a personas que se acercan para pedirnos alguna ayuda, o para proponernos algún negocio, pero luego resultan ser estafadoras. Y es que la falsedad pulula, es más, basta enterarse de casos de sacerdotes y hasta servidores (laicos comprometidos) de las parroquias cuestionados de pedofilia, de hurtos o de políticos enredados en corrupción de todo tipo. Es más, hasta surgen a veces noticias de que en algunos conventos las religiosas o religiosos de alta jerarquía se banquetean, mientras los religiosos de poco rango deben someterse a comidas frugales. Entre otras cosas, es lamentable saber que en algunas instituciones de enseñanza, hay educadores que trafican drogas o las venden a sus alumnos.

Entonces, a como están las cosas, se llegará el momento en que se tendrá que decir: “nadie es inocente hasta que se pruebe lo contrario.”

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos