Perdonen si me siento como un ignorante, pero cada vez que me hablan de política pienso que me están vendiendo una quimera y una falacia Soy socialista y moriré siendo socialista, pero desde que la política es el arte de la mentira, como se ha comprobado en multitud de ocasiones, pero no sólo en España, sino en el mundo, me siento engañado.

Siento que han traicionado mi esperanza, han matado mis ilusiones y que no entiende, ni de izquierdas, ni derechas, ni liberalismo, centro, socialdemocracia o democracia cristiana.
Absorbido por una tristeza aplastante y sin tiempo, desde hace meses, vivo en un completo aislamiento que se me está tornando demasiado duro. La depresión física y moral, que me causa este continuo y permanente bregar con la desesperanza y la desafección sin contrapeso alguno que pueda quitarles la aridez que en sí llevan para quien apenas considera el dinero y el poder como un medio, pero jamás como un fin.

Si el mundo funciona es gracias al pueblo, a los sufridos ciudadanos, hombres y mujeres de bien que lo habitan, gentes de buena voluntad y que aún creen en los sueños, que trabajan, ganen o no ganen lo suficiente, pues en ocasiones son explotados por diferentes amos.

Ruego, suplicó, si es posible dejen de engañarnos, ni nacionalismos, ni patriotismos. No hay enemigos. Los verdaderos enemigos son la desesperación, la desesperanza, los tahúres, los vendedores de humo y todas esas personas que minan desde su desdén, su arrogancia y una gran falta de escrúpulos el futuro de miles de millones de ciudadanos en el mundo.

Dejen de engañarnos, de manipularnos, si de verdad buscan un mundo mejor. Basta de falsas promesas, populismos inertes y otros relatos narrativos cercanos a los cuentos. Sólo pido responsabilidad y honestidad. No quiero que se firmen palabras que se las lleva el viento y con ello las esperanzas.

Luchen por la libertad, por la educación, la justicia, la solidaridad y tantas virtudes más que parecen ignorar. Una pandemia que se extiendo por todo el mundo como el Corona Virus y que se cabe mata tanto o más, pues extermina la ilusión y la esperanza.

La política no debe ser un caldo de cultivo de parásitos que se engorden con la desgracia del pueblo, con los males provocados, con las lágrimas de los débiles y marginados, con el sufrimiento ajeno e inducido.

Y no lo olvidemos nunca que si el mundo es grande es por todos esos millones de ciudadanos y pocas veces muy pocas por los políticos que dicen que los representan.

¿Qué culpa tengo yo de que alguien se haya podido imaginar que soy un humilde ciudadano de mostrar la realidad útil a mis compatriotas y no un poeta, un escritor incipiente o simplemente un servidor de la gente cuya misión autoimpuesta sea sacudir el pensamiento, los corazones, despertar la conciencia y meterla en la vivificadora inquietud de la libertad, la justicia y la solidaridad y con ello persuadir al pueblo, a la ciudadanía para que sea él y no lo que otros desean que fuera o fuese?

Por: José Luis Ortiz