La reciente presentación en sociedad de la mascota de los XXI Juegos Deportivos Nacionales, constituyó, sin duda alguna, uno más de los festines y comilonas a los que ya nos tienen acostumbrados los abanderados de estas Justas Deportivas, pero en especial, a la seguidilla de eventos rimbombantes y derrochadores que de manera recurrente se inventa el gobernador de Bolívar, Dumek Turbay, para dejar que fluya su ego protagónico con el cual opaca tanto a la directora de los Juegos como al alcalde de Cartagena, Pedrito Pereira.

Como no somos miembros de ningún “Comité de aplausos”, podemos con libertad expresar nuestras observaciones sobre esta Mascota, a diferencia de quienes sí los integran, los que por razones obvias no pueden ni se atreven a hacerlo públicamente, pero que sí hacen en los tertuliaderos y tras bambalinas.

Comencemos. “Cartacho” es un vocablo nada original. Con este nombre con el que se bautizó a la mascota de los Juegos también se conoce una bebida alicorada del vecino Venezuela; pero también, una agencia de viajes, un portal de redes sociales y hasta una tienda de calzado y relojes de esta ciudad; o sea, que de original, pocón, pocón.
En cuanto al guacamayo seleccionado como emblema de las Justas de noviembre, no es que haya habido mucho consenso que se diga. Unos se preguntan ¿y por qué no un Vencejo? Ese pájaro grande y flojo al andar al que hizo referencia “El Tuerto” López en su poema “A mi ciudad Nativa”.

Otros piensan, ¿y por qué no una Mariamulata?, ave igualmente típica, más que el guacamayo, de esta región Caribe, de la que algunos opinan es familia de los cuervos, esos de los que se dice le sacan los ojos a quien los cría; y que demás, es de carácter “pelionero”. ¿Será que no se escogió la Mariamulata por ser símbolo de una corriente política de la ciudad? Probablemente, sí.

Otros, son más duros y piensan, ¿y por qué no un Cangrejo?, ese artrópodo típico y representativo de esta ciudad; crustáceo que camina hacia atrás y lateralmente, como camina nuestra ciudad y departamento, y que además, introducidos en un recipiente se devoran entre sí y no permiten que ningún otro logre la salida.

Bueno, a la larga el guacamayo escogido pueda que esté bien, sobretodo porque perteneciendo a la familia de los loros, esos que hablan, siendo probable que “boquee” lo raro que vea en el manejo de los recursos económicos destinados para los Juegos.
Pero preocupa que este guacamayo al que por su color verde llaman “guacamayo militar”, no se “tuerza” como se “tuercen” los que no conformes con el salario que reciben para defender la nación acuden a artimañas y hasta “falsos positivos”; los mismos que por analogía con el caso que nos ocupa, también se dieron en Bolívar, pero en lo deportivo.

Bolívar fue retada por el ex presidente Santos para entregarle la sede de los Juegos Nacionales del 2019 si obtenía unos logros deportivos, y los obtuvo, pero con deportistas “embuchados”, o sea, deportistas de altos logros, muy bien pagos, pero traídos de otras regiones del país y que fueron incorporarlos a nuestra representación y así engañar al mandatario y hacer que concediera lo prometido. Así se logró la sede.

Ojalá esta Mascota, de nombre plagiado e imagen copiada del Condorito de Pepo, y que para algunos es un ridículo mamarracho, no confirme lo que de ella se dice, ser un ave de corto vuelo por lo que se pronostica sobre estas competencias nacionales que no han logrado levantar el entusiasmo ciudadano.

Finalmente, las improvisaciones en la organización, el remiendo y “guá guá” a los escenarios deportivos, la poca y retrasada contratación de entrenadores, y la abultada contratación de servicios personales ha motivado a la Contraloría a establecer una vigilancia en el manejo de los recursos de estas Justas que se espera no sean de corto vuelo.

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018