A mediados de este mes, Cartagena Cómo Vamos, «un programa privado que desde el 2005 le hace seguimiento y monitoreo a los cambios en la calidad de vida de los habitantes de Cartagena» -según su definición- reveló la encuesta realizada entre el 14 de noviembre al 20 de diciembre de 2018 sobre la percepción de su situación económica y social. En este ejercicio la mayoría de los indicadores tienen tendencia al deterioro hasta el punto que el 35 por ciento de los habitantes de esta ciudad se consideran absolutamente pobres. El hecho que se acepte ser pobre es quizás una de las peores condiciones que se pueda reconocer porque implica «ser incapaz de satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas de una vida digna por falta de recursos como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria, el agua potable o la electricidad. La pobreza puede afectar a una persona, a un grupo de personas o a toda una región geográfica» -Wikipedia. Si tenemos en cuenta que el Dane tiene proyectado que Cartagena tendría en 2018 un total de 1.036.134 habitantes, nos daría que la pobreza afectaría a 362.646 personas y podrían ser más.

Otros indicadores reflejan la grave situación de la «ciudad más querida y deseada por los colombianos», la que tiene Colombia para mostrarle al mundo, pero de la cual solo publicitan sus murallas, fuertes, monumentos, playas, islas y «rumbeaderos», e ignoran deliberadamente, las inhumanas condiciones económicas y sociales en que viven estos habitantes. El 22% de las personas creen que Cartagena va por buen camino; escasamente la mitad (52%) están orgullosos de su ciudad y un porcentaje parecido (58%) está satisfecho de vivir en Cartagena; 40% asegura que la situación económica de su hogar ha mejorado, para los que no mejoran dicen que se debe a la pérdida e inestabilidad del empleo (48%), el costo de los alimentos (28%) y costo de servicios públicos y el transporte (26%). 70% dijeron que es nada fácil encontrar empleo. Según el Dane entre octubre y diciembre del año pasado Cartagena tuvo una tasa de desocupación de 10,3%, cuando en igual trimestre de 2017 era 7,0%. A diciembre de 2018 estaban ocupados 419 mil personas, de ellas los trabajadores por cuenta propia (sin contrato de trabajo) sumaban 206 mil, el 49,16 % de los ocupados; particulares fueron 161 mil, empleados del Gobierno 22 mil y domésticos 16 mil; los cesantes sumaron 39 mil y los inactivos: 342 mil. Sumados: sin contrato, cesantes e inactivos da que, según el Dane, hay 587 mil cartageneros en «la industria del rebusque».

Esa «industria del rebusque» la componen: guías turísticos, carperos, conductores de vehículos acuáticos y terrestres, pescadores artesanales, oficios varios por días o por horas, «paleteros» que dirigen el tránsito, lavadores y cuidadores de vehículos, revendedores y vendedores estacionarios y ambulantes, entre muchos otros. En los vendedores encontramos los de comidas, como «un ejecutivo en los doce apóstoles» -un almuerzo de pié-, hasta los que ofrecen las butifarras, carimañolas y las «arepas e huevo», contra quiénes conspira el Estado colombiano, poniéndolas onerosas multas por su trabajo -tanto al vendedor como al comprador- por el criminal delito de estar rebuscando la comida para su familia. ¡El código de Convivencia ciudadana o de policía es la demostración de una democracia de papel al servicio de los poderosos!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias