Cartagena la erótica

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Confieso que no es de mi cosecha la frase con la que título este artículo. Supe de ella por boca de una allegada persona que me comentaba cómo un notable catedrático la usaba con cierto tinte homofónico para referirse a la Heroica; y la he traído por varias razones; la primera, por la alharaca de “intrépidos” Concejales que “descubrieron” que las Plazas de los Coches y de la Paz son sitios de ejercicio habitual de la prostitución.

Pero de lo que se conoce, Cartagena ha sido desde tiempos antiquísimos aldea víctima de la práctica abierta de la prostitución; razones que me llevaron a cavilar sobre los lugares en donde desde tiempos inmemoriales, y por tolerancia de las autoridades, se ha ejercido y se ejerce todavía, este, del que suele decirse ser el oficio más antiguo de la humanidad.

Como desaparecidos y renombrados establecimientos de lenocinio público, a los que los cartageneros se les dio por llamar “Cabarets”, me recordaban a “Aires cubanos”, en el Pie del Cerro y a “Juancho Rubio”, en el Bosque; a “Juana Pescá” en Santa Rita y al “Niño de Oro” en Canapote; a “Loncha” en el Playón del Blanco y a “Ana Te” en el Espinal. De la misma época, pero como reliquia de estos burdeles, sobrevive “Rocío”, en Bruselas.

“El Príncipe” y “El Rey Bar” fueron en Tesca los más frecuentados en esta vergonzosa zona de tolerancia por la que se recuerda a un alcalde de la ciudad, Juan C. Arango, oriundo de Colosó, quien con valor y enjundia la erradicó.

También “Las Tablitas” en el muelle de Los Pegasos, la calle de La Media Luna, el Parque del Centenario y la avenida San Martín en Bocagrande, fueron hasta hace poco tiempo lugares de encuentro para el amancebamiento con meretrices.

Ahora, también se sabe de las embarcaciones que en horas nocturnas partían desde las playas y puertos de la Bahía, en el sector de El Bosque, para atender encargos de servicios de prostitución que se ofrecían a tripulantes de barcos fondeados en medio de ella.

Hoy, quizás producto de “la Diáspora” y cerramiento de muchos de los mencionados sitios, la prostitución viajó a otros lugares de la ciudad; ejerciéndose en establecimientos disfrazados con nombres de centros nocturnos, como “Noches de América” en Bocagrande; o como “Candilejas”, en La Matuna”; o en lugares públicos como las Plazas de la Paz y de Los Coches; o el Parque de La Marina; o las Playas Hollywood; o los alrededores de la Plaza de Toros.

Todo lo anterior sin contar con sitios con ínfulas de mayor “caché”, como los Moteles de la Cordialidad, Daniel Lemaitre, Canapote, Caimán, Olaya Herrera, el Bosque; los cuales, en la práctica, son para el mismo desempeño.

Buena tarea tienen las autoridades de Cartagena para controlar las diversas facetas como se ofrecen servicios sexuales en la ciudad, tanto en lugares públicos como privados.

Indiscutiblemente, Cartagena, la Heroica, o la Erótica, ha sido marcada por el sino de esta conducta fornicaria.

De seguro, muchísimos sitios me faltaron por nombrar en esta breve nota.

Alvaro Morales
Por Álvaro Morales