Cartageneros: ¡Otra oportunidad perdida!

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La abstencion llegó al 77,35%

Ocurrió todo lo que estaba pronosticado por la mayoría de analistas políticos. El nuevo alcalde de la ciudad “Heroica” sería otro de “los mismos con las mismas”. Efectivamente, el pasado seis de este mes fue elegido Antonio Quinto Guerra Varela como alcalde de Cartagena, cargo que ocupará hasta el último día de diciembre de 2019. Con una elección espuria y un débil apoyo de las urnas, en las cuales solo depositaron el voto 169 mil cartageneros de un total de 749 mil habilitados para sufragar –esto es que la apatía por las elecciones llegó al 77,35%–, el nuevo alcalde solo obtuvo 72.111 votos; o sea, lo respalda el 9,62% de los ciudadanos con derecho a votar, lo cual demuestra una deslegitimación de su mandato, pero tolerado por las leyes que rigen una democracia de papel, como es la colombiana.

Es bueno detenernos un poco en el análisis del resultado: Guerra Varela es un político tradicional, como lo indicó el propio Hernán Andrade, presidente del partido Conservador, quien avaló su candidatura; por lo tanto, hace parte de las rancias maquinarias que tienen al país en general y a Cartagena, de manera particular, en el más grande de los caos. Además, es un político respaldado por las casas políticas financiadoras, que como en este caso, no tienen problemas para unirse en “una misma causa”, como lo hicieron el santismo y el uribismo, que saldaron sus diferencias para asegurar el frondoso presupuesto de la ciudad de $1.6 billones anuales en promedio, además de negocios en obras por cerca de $1 billón. Es por eso que de parte de las dos principales campañas: la de Antonio Quinto y la de Andrés Betancourt –otro avezado exconcejal–, llovía la ostentosidad con la cual “ganaban” los diferentes apoyos. Al final triunfó el que consiguió más de esos beneficiarios.

Los cartageneros estuvieron notificados de lo que se jugaban en estas elecciones. La interinidad en el primer cargo de la ciudad es producto de la forma equivocada en la que están eligiendo a sus gobernantes, afectada por la compra del voto –como ha sido demostrado en diferentes ocasiones–, conducta anómala que se volvió costumbre, especialmente entre algunos sectores en donde pululan los “puya ojos” que organizan, cual manadas, a los votantes que son llevados –muchos alicorados– mediante promesas de dinero, cargos públicos, pavimentación de calles, limpieza de caños, o en general, de obras que son de obligatorio cumplimiento del Estado, sea quien fuere el gobernante. Se termina votando por una dádiva, mas no por un verdadero programa. Este método de hacer política lo impusieron “los mismos con las mismas” desde el pacto del Frente Nacional, con el objetivo de asegurarse el gobierno y no permitir que ningún otro partido o ideología lleguen a regir el poder del Estado. Es el método de la perpetuación de la corrupción. Es este sector el que eligió al alcalde de Cartagena en un momento en el cual los analistas políticos y líderes de opinión trataron de levantar a la población contra estos métodos corruptos y se buscaba que fuera el voto limpio e independiente el que pusiera las condiciones. Infortunadamente esos independientes son abstencionistas: solo hablan en las redes sociales pero no actúan. Por eso, ¡se perdió otra oportunidad!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias