Venecia está triste, ha fallecido un artista que le amaba y mucho: Charles Aznavour.

El pasado 1 de octubre Aznavour murió un su casa de Alpilles, en el Midi francés, tenía 94 años.

Con más de 1000 composiciones, 294 grabaciones y cerca de 180 millones de discos vendidos fue el cantautor francés más aplaudido en el mundo entero. Cantó en 8 idiomas y, además, recitó en 80 películas entre las cuales “Morir de Amor” que recibió el León de Oro en el Festival del Cine de Venecia en 1971.

Aznavour tuvo una relación especial con Italia. Su papà Mischa Aznavourian, nacido en Georgia e hijo de un antiguo cocinero del Zar Nicolás II de Rusia, fue salvado de uno de los mayores genocidios perpetrados en el siglo pasado, cuando los turcos del Imperio Otomano mataron cerca de un millón de armenios entre 1915 y 1916. Un comandante de la marina italiana rescató a Mischa de un grupo de hombres que le perseguía para lincharle. En homenaje a Italia, a la hermana mayor de Charles que nació en Grecia se le dio el nombre de Aída. Además, durante toda su carrera artística Aznavour siempre grabó sus éxitos en idioma italiano.

Su madre Knar era licenciada en literatura y actriz de teatro y, en el tiempo libre, también trabajó de costurera; de su padre, que tenía voz de barítono, Aznavour heredó la pasión por el canto, inicialmente dificultado por un problema con las cuerdas vocales que, sin embargo, le dio su inconfundible voz.

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Los Aznavourian: abuelo, padre y madre de Charles Aznavour y Charles de joven

Instalados en París – mientras esperaban un visado para Estados Unidos que nunca llegó – los Aznavourian regentaban el pequeño restaurante “Le Caucase” y a veces Mischa se ponía a cantar entre las mesas y hacía llorar a las mujeres con sus emotivas actuaciones. Emigrados armenios, judíos y artistas de varias nacionalidades frecuentaban el local. A quién no podía pagarse la comida se le atendía lo mismo. Así, desde muy pequeño, Charles aprendió a codearse en el mundo de la música y del arte y a tener un espíritu solidario.

A los 9 años dio sus primeros pasos en el teatro infantil y pronto dejó la escuela. De adolescente Aznavour se unió a los recorridos de algunas compañías teatrales. Allí empezó a escribir las letras de las canciones que eran interpretadas en los cabarets por el talentoso amigo pianista Pierre Roche y, poco a poco, comenzaron a interpretar solo las canciones que Aznavour escribía en pareja con Roche. Eran tiempos de guerra, principios de los años ’40.

El dúo Roche-Aznavour logró el apoyo de Edith Piaf que los invitó a viajar con ella a Estados Unidos. Roche y Aznavour también se quedaron un tiempo en Montreal, Canadá, donde tuvieron éxito y grabaron varios discos en formato 78. Piaf fue decisiva para que Aznavour pudiera superar los temores relacionados con su discapacidad vocal; ella también comenzó a interpretar canciones como “Plus bleu que tes yeux” escrita por Aznavour que, además, empezó a desempeñarse como manager y chofer de la cantante.

En Francia, sin embargo, Aznavour se hizo famoso con mucho esfuerzo. Su voz extraña, su baja estatura, su rostro poco atractivo, sus orígenes armenias y sus peculiares composiciones parecían obstáculos inabordables en su carrera hacia el éxito artístico. Sus canciones llegaron a ser prohibidas en la radio francesa desde fines de los años cuarenta y durante buena parte de los cincuenta. Las cosas no fueron mejores en Estados Unidos. Sus canciones de amor atrevidas, originales y sinceras, combinadas con un estilo de canto limitado pero muy expresivo, en aquellos años todavía dejaba desconcertado al público.

En 1951 Juliette Greco, musa de los existencialistas, graba su famosa composición “Je hais les dimanches” (Yo odio los domingos) la cual le aporta un éxito tremendo. A partir ya de finales de los años ’50 Aznavour empieza a saborear el éxito como cantante. En 1956, en Casablanca, la reacción del público a su entrada en escena es tan sorpresiva y halagüeña que Aznavour se convierte inmediatamente en la cabeza de cartel. A estas alturas su cuñado, Georges Garvarentz – también emigrado armenio, músico de conservatorio y esposo de su hermana Aída – le asiste con la composición musical y le acompaña en muchas obras magistrales que son además adaptadas a guiones cinematográficos como, por ej., “París en el mes de agosto”:

Para su primer concierto en el prestigioso Olympia de París, siempre en 1956, Aznavour escribe “Sur ma vie” (Sobre mi vida), otro grande éxito. En 1958 llegó su primer contrato de grabación y su debut en un papel en una película dramática, además de escribir bandas sonoras de películas. De este modo, las películas con Cocteau y Truffaut le abren el camino a América y a su primer concierto en el Carnegie Hall y su disco americano con el título “El mundo de Charles Aznavour” para el sello Reprise Records, fundado por Frank Sinatra.

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De la izquierda: Con Pierre Roche , Edith Piaf y Georges Garvarentz

Su estilo de canto ha sido comparado con el de Maurice Chevalier y Frank Sinatra, a pesar de que siempre ha pensado en sí mismo más como autor-intérprete que como cantante melódico. Aznavour ha mantenido su popularidad durante décadas siempre cantándole al amor en sus diversas formas, como en “Après l’amour”, “J’ai perdu la tete”, “J’en deduis que je t’aime”, “Non, je n’ai rien oublié”, “Bon Anniversaire” y decenas de otras canciones. Una vez dijo: “Yo canto el amor, pero también al desamor. El amor no es solo lo que es bueno, sino también lo desgastado”.

En 1970 le compuso al amor homosexual con la canción “Comme ils disent” (Como ellos dicen), que refleja la triste y solitaria existencia de un homosexual, que, una vez que deja las lentejuelas y los cotidianos temores del escenario, regresa cada amanecer al hogar para tratar a la anciana madre. “Creo que esta canción,” dirá años más tarde Aznavour “ha beneficiado a la causa de los homosexuales. En aquel momento el tema aún era tabú y provocaba burla, marginación; es más, algunos de mis amigos homosexuales me aconsejaban de no cantar ese tema”. Chevalier decía de Aznavour “es el primero en cantar al amor, como se siente, como se hace, como se sufre”.

Aznavour se casó tres veces, tuvo seis hijos, y siempre se mantuvo en contacto con sus raíces armenias. Después de que el Presidente Chirac le otorgara la Legión de Honor, en 1997, se mudó a Ginebra, Suiza, donde residía como Embajador de Armenia. Su pasión por la política y su compromiso con los derechos humanos se concretizaron en varios conciertos y actuaciones que dedicó al pueblo armenio.

A principios de 1989 convocó a unos noventa cantantes franceses para grabar la canción “Para tí Armenia” a favor del proyecto “Fundación Aznavour para Armenia”. Un grave terremoto había sacudido la tierra de sus ancestros en diciembre 1988 y en la sola ciudad norteña de Spitak perdieron la vida 25.000 personas. Aznavour dio conciertos memorables a favor de este proyecto y el disco vendió más de un millón de copias. En Milán, Italia, también reunió 50 cantantes italianos para cantarle a Armenia. La tragedia de esa tierra, de la que se sintió parte, siempre ha estado en la cima de sus pensamientos.

En 1992 con la guerra entre Azerbaiyan y Armenia por el control del Nagorno Karabach, y el cierre de fronteras de Turquía con Armenia, Aznavour se prodigó para dar ayuda de todo tipo a sus compatriotas. La economía armenia menguaba, las fábricas cerraban, faltaba energía, víveres, medicamentos, etc. A los que deseaban emigrar la fundación Aznavour les pagaba el vuelo de salida; a las niñas abandonadas en los orfanatos, en particular, les dio una oportunidad de hacerse una nueva vida en suelo europeo. En 2004 publicó sus memorias, dispuso que se tradujeran al armenio y que las ganancias por derechos de autor fueran destinadas a las escuelas de Armenia.

La ayuda material y moral brindada por Aznavour en ese frente solidario fue inmensa, difícil de contabilizar aunque algunos cifran de por lo menos US$ 150 millones distribuidos a través de su fundación. Curiosamente, otro armenio, Missak Manouchian, jefe del grupo FTP (partisanos francotiradores), ejecutado en febrero 1944 por los nazis junto a otros 22 resistentes, en 1940 le dejó a la madre de Aznavour la siguiente profecía: “Charles será el orgullo del pueblo armenio y una gloria para Francia”.

Sorprendente la capacidad de Aznavour de pisar el escenario con éxito hasta el final. Había logrado adaptar su espectáculo a sus límites fisiológicos. Así que para reemplazar una voz que se iba debilitando, en sus últimos años Aznavour desenvainó la clase y el “savoir faire” aprendidos durante más de ocho décadas dedicadas al arte. Aún así, no paraba de componer: “Sigo escribiendo canciones porque para mí retirarme significaría tomar la puerta hacia la muerte.”

Su teatralidad minimalista, aquellos gestos que subrayaban cada palabra de sus versos y el dominio como pocos de la tarima le consagraron en todos los teatros del mundo. La variedad temática de sus canciones también fue innovadora: los golpes inesperados de la vida, las mujeres, el amor corroído por los años, la traición, el aburrimiento, la bohemia de la juventud, el arrepentimiento por las grandes ocasiones perdidas, la “joie de vivre” (alegría del vivir), la ansiedad, el pasar de los años, las arrugas, el pelo blanco, la dignidad del envejecer… todo lo cotidiano para Aznavour podía ser tema de composición.

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Con Liza Minelli y con Céline Dion

Aznavour compartió escenario con grandes artistas – Edith Piaf, Juliette Greco, Frank Sinatra, Dean Martin, Peggy Lee, Liza Minelli, Placido Domingo, Julio Iglesias, Mirelle Mathieu, Georges Brassens, Céline Dion, Elton John, Demis Roussos, etc. – pero siempre confesaba que sobre todo había aprendido mucho de Charles Trenet, Maurice Chevalier, Carlos Gardel y, obviamente, de las centenares de actuaciones realizadas con Edith Piaf quién le enseñó como meter toda su alma en una canción.

“Haz de tu vida una aventura, sorprende a los hombres y mujeres que te rodean, con humildad, amabilidad, sencillez” fue el lema de Charles Aznavour. Voz única, artista generoso, hombre extraordinario, cantante, compositor, actor, diplomático. “No está mal, ” solía decir de si mismo “por no haber estudiado, por ser de la calle.” El año pasado, al recibir su Estrella de la Fama en Hollywood, afirmó “Soy francés y armenio, ambos inseparables como la leche y el café.”

Nos deja un poeta de la canción, alguien que supo escudriñar con honestidad el corazón humano para crear de sueños rotos algo que diera aliento, esperanza. Es el mayor aporte del arte para todo ser humano. “Era nuestro as inmortal,” escribe Brigitte Bardot lamentando su muerte “nuestro as de los poetas“.

En “Toi et moi” Aznavour canta: “J’ étais sans espoir et tu as changé mon sort, offrant à ma vie une autre chance…” (Estaba sin esperanza y tú me cambiaste la suerte, ofreciendo a mi vida otra oportunidad…”). Es poesía pura y lo entendemos no solo como frases específicas que refiere a su amada sino que, en términos generales, podemos interpretar estos versos como un gracias a la vida que, en el trascurso de casi un siglo, le dio a este hijo de armenios escapados del genocidio otomano la oportunidad para luchar y encumbrarse en la historia artística de Francia al igual que ser solidario con su amada Armenia.

En su larga vida artística, con muchos altos y bajos, Aznavour siempre retuvo su sentido del humor. Hace pocos meses atrás le preguntaron qué le gustaría en su epitafio, inmediatamente contestó “Encore de vers” que traduce como una frase de doble sentido, o sea, “Más versos”, es decir más composiciones, o “más gusanos”.

Sobre el futuro de la canción francesa de autor Aznavour no era demasiado optimista: “Morirá con Gilbert Bécaud, Leo Ferré y yo, porque a los jóvenes no parece importarle mucho.” No compartimos este pesimismo; pues, siempre surgirán nuevos cantautores y poetas de la canción aunque el que nos deja por estos días es, de verdad, sublime.

Por: Nereyda Guerrero De Manderioli
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