Científicos de URosario aportan a estudios que identifican problemas de quimio y radioterapia en tratamiento de cáncer de colon

362

El cáncer de colon es el tercer cáncer más común en el mundo y según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 32 millones de personas lo padecen, con el agravante de que los casos podrían aumentar en un 91 % en los próximos 20 años.

En Colombia esta enfermedad es la tercera causa de muerte por cáncer y ha aumentado la prevalencia entre los hombres, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Cancerología. La razón del alto número de defunciones es la dificultad para tratarlo, debido a que la cirugía no siempre es ciento por ciento exitosa, ya que las células cancerosas se diseminan y los tratamientos no resultan efectivos.

Por suerte, cada día se está logrando tener más conocimiento de cómo contrarrestarlo, gracias a investigaciones que se realizan en diferentes partes del mundo sobre las condiciones y características de la célula cancerosa, así como del efecto que tienen en ella las dos vías que se utilizan para combatirla: medicamentos (quimioterapia) y radioterapia.

Precisamente, el Grupo de Investigación Clínica de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario está aportando a ese conocimiento con los resultados preliminares de dos estudios: uno en quimioterapia y otro en radioterapia, los cuales se desarrollan en conjunto con centros de investigación de Chile y Francia, respectivamente.

En los primeros hallazgos los dos trabajos evidencian que efectivamente la condición del tumor de no ser homogéneo como se pensaba (por estar compuesto de células cancerosas y células sanas, distribuir de manera no uniforme el oxígeno, tener células que se dividen más que otras y presentar cambios en la disponibilidad de nutrientes que alteran el metabolismo de las células tumorales) hace que sea resistente a la radiación con yodo y a los medicamentos.

En el caso de la radiación con yodo, Alejandro Ondo Méndez, doctor en ciencias químicas, con énfasis en Bioquímica, y profesor de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario, explica que es un tratamiento habitual en cáncer de tiroides que ha dado buenos resultados y debido a ello se está explorando la posibilidad de ser utilizado en cáncer de colon. El supuesto que se tiene es que al introducir en el tumor del colon la proteína que en el cáncer de tiroides capta el yodo, se puede lograr el mismo efecto para destruir las células cancerosas. Sin embargo, esto no está sucediendo.

“La Unidad TIRO (compuesta por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Niza, y el Comisariado de Energía Atómica (CEA), bajo la dirección del Dr. Thierry Pourcher) en Francia es uno de los grupos en el mundo que ha propuesto trasladar el tratamiento de cáncer de tiroides al de colon. Creó una línea de células en laboratorio de cáncer de colon (HT29), les insertó el gen de la proteína que permite captar yodo (el transportador NIS) y con esas células creó tumores en ratones. Los investigadores encontraron que no todo el tumor estaba captando el yodo y nos propusieron entrar en el proyecto para tratar de entender por qué la producción de esta proteína está alterada y no hay captación en todo el tumor. Ese es un efecto negativo no esperado para el tratamiento porque habrá células que van a sobrevivir al no captar el yodo”, señala.

Los resultados preliminares del equipo de investigadores del Rosario muestran una relación de la no producción de proteína con el bajo oxígeno en una zona del tumor (hipoxia) y con los cambios en la proliferación celular (quiescencia). “Lo que nos indican nuestros resultados hasta ahora es que esas dos condiciones son determinantes. La quiescencia porque está haciendo que la célula que no se está dividiendo tanto no produzca tanto la proteína y eso puede estar asociado a que la célula tiene un metabolismo de base un poco más bajo. Y la hipoxia porque cambia la posición de la proteína en la célula. Para que la célula pueda captar yodo, la proteína tiene que estar en la membrana de la célula, en contacto con el torrente sanguíneo que es donde está el yodo. La hipoxia lo que está haciendo es que la proteína se quede a nivel intracelular”, indica Ondo.

A la luz de esos resultados, el equipo del Rosario está en otra aproximación y es ver cómo optimizar ese proceso de tratamiento. Una forma es estableciendo los mecanismos que hacen que la proteína cambie su localización, para bloquearlos y hacer que la hipoxia y la quiescencia pierdan su efecto sobre la regulación de la proteína. Y otra es determinar cómo el hecho de introducir la proteína en el genoma de la célula está alterando los mecanismos metabólicos de la célula y cómo eso altera su respuesta al tratamiento.

«Estamos comparando estas células a las que les introdujimos la proteína con las que no y miramos cómo responden a la radioterapia, si responden igual o no. Nuestra idea es proponer una terapia combinada entre el yodo radioactivo y la radioterapia con fuente externa. De forma que el yodo nos va a dar mucha información metabólica del tumor. Con las imágenes de yodo vamos a saber dónde están las zonas que no captan y ahí daríamos dosis de radiación más altas para tratar mejor el tumor”, agrega el investigador.

Para esta fase, los científicos del Rosario tienen megadatos de información metabólica y proteíca de la célula, que fueron extraídos con una estrategia metodológica y tecnológica conocida como proteómica y metabolómica por espectrometría de masas. El poder explotar estos datos para proponer blancos terapéuticos y tratamientos alternativos requerirá por lo menos un año largo de trabajo.

Esta información hace parte de una investigación realizada por la Universidad del Rosario, para conocer más, por favor da click aquí.