Aunque casi todos los ecosistemas de la biósfera terrícola han sido alterados por el desarrollo tecnológico de la civilización humana – cuyo proceso de industrialización y prácticas agropecuarias de gran escala comenzaron a dejar desde hace siglos huellas de carbón – una nueva investigación reveló que incluso nuestros antepasados, en la Edad del Bronce, cambiaron la composición química de los suelos que cultivaban hace más de 2000 años.

Acorde con Eric Guiry, autor principal del estudio y candidato al doctorado de antrozoología en la Universidad de British Columbia, su recién publicado hallazgo evidencia por primera vez, de forma tangible, el duradero impacto ambiental que tuvo el hombre antiguo mientras caminó sobre la faz del planeta Tierra.

Esta es una novedosa perspectiva acerca de uno de los cambios más profundos en la historia de la humanidad: cuando pasamos de conformar parte de la naturaleza a ser los impulsores de los procesos ambientales“, informó Guiry.

Este descubrimiento implica un drástico cambio en la periodización del antropoceno – una época geológica, propuesta por la comunidad científica, en la cual las actividades del homo sapiens empezaron a incidir sobre su hábitat natural y el clima. Muchos expertos vinculan el principio de esta edad con la Revolución Industrial, la extracción y quema masiva de combustibles fósiles o las pruebas de bombas nucleares. Sin embargo, ahora es evidente que nuestros ancestros tenían la capacidad de transformar su medio ambiente

El hallazgo tiene implicaciones sobre cómo establecemos los límites del antropoceno, la edad geológica actual definida por las acciones humanas que tienen una influencia dominante en el clima y el medio ambiente del planeta. Muchos relacionan el inicio del antropoceno con la Revolución Industrial, la quema de combustibles fósiles o la prueba de bombas nucleares. Pero ahora es evidente que incluso los humanos antiguos pudieron alterar el medio ambiente de manera duradera.

En tiempos remotos, los agricultores de la Edad del Bronce transformaron los niveles de nitrógeno de sus campos y ecosistemas circundantes. Para el crecimiento de las plantas, el antes mencionado elemento químico es requerido, sin embargo, algunos tipos de vegetación agotan el nitrógeno contenido en el suelo.

Pese a que ciertas bacterias y hongos pueden acomodar el nitrógeno del aire con el fin de tornarlo consumible para las plantas, los campesinos de antaño comenzaron a fertilizar sus cultivos con estiércol rico en el gas incoloro para asegurar abundantes cosechas. El proceso de fertilización todavía es implementado en la actualidad, ya sea en grandes fincas o pequeños jardines.

El nitrógeno es parte de todos los ecosistemas, y es un componente fundamental de la vida. Poder gestionarlo es clave para expandir la sociedad“, le informó Guiry al web tecnológico Gizmodo en una entrevista que le realizaron. Aunque jugar con el ciclo de este elemento gaseoso no es un problema para el entorno, su excesivo uso en los fertilizantes contemporáneos puede contaminar los cuerpos de agua y contribuir con los gases del efecto invernadero.

En el antes mencionado período de la prehistoria, los granjeros irlandeses probablemente optaron por incrementar la fertilización de sus tierras al ritmo del crecimiento demográfico. Las personas aumentaron la cantidad de cultivos que comían e incrementaron el tamaño de sus ganados, lo que significaba una mayor cantidad de excremento destinada a labrar el suelo.

Es por eso que los investigadores descubrieron en los 712 huesos de varios animales pertenecientes a la Edad de Bronce, cuyos fósiles fueron excavados de al menos 90 sitios arqueológicos en Irlanda, una subida en cierto isótopo de nitrógeno asociado con el cultivo: un claro indicio de que la agricultura de hace más de 2000 años interrumpió, por primera vez, el ciclo natural del citado químico, transformando los suelos y ecosistemas contiguos.

Aunado a esto, el equipo de científicos halló cambios significativos tanto en la composición de nitrógeno de los nutrientes del suelo como también en los vegetales que componían la dieta de los criaturas exhumadas. Los autores creen que los cambios fueron el resultado de un aumento en la escala y la intensidad de la deforestación y la agricultura.

El efecto de las actividades humanas en la composición del nitrógeno del suelo puede ser rastreable en cualquier lugar donde los humanos hayan modificado extensivamente los paisajes para la agricultura –explica–. Nuestros hallazgos tienen un potencial significativo para servir como modelo para futuras investigaciones“, finalizó Guiry al ser inquirido acerca de las implicaciones globales del descubrimiento.