Con esfuerzo y fé todo lo podremos lograr.

Escuchar una música sublime constituye un tiempo de profunda meditación para mí. Yo creo que hay notas que nos elevan a un mundo superior desde donde podemos mirar el mundo, las personas y sus circunstancias desde un ángulo más sublime, desde un estado de Fé profunda en un poderoso Creador.

Parece imposible creer por cuántas circunstancias ha atravesado la humanidad y cómo las ha enfrentado, en los actuales momentos nosotros, también  formamos parte de esas circunstancias, separados por el tiempo,  y  una época de avances, tanto en la ciencia como en la tecnología, lo cual ha favorecido que podamos enfrentar la Pandemia del Covid 19.

Mientras pasaba por el centro de la ciudad, miraba a las personas en sus diferentes ocupaciones, tiendas, restaurantes, trabajadores en sus diferentes áreas moviéndose de un lado para el otro, con sus mascarillas y guardando el distanciamiento, entonces pude discernir que aún en medio del caos de los primeros días, del miedo  al contagio y el obligatorio  confinamiento, la gente ha recuperado la calma, y su espíritu de  resiliencia está ahí presente, para continuar cada quien a su meta en su afán de supervivencia.

Entonces desde este contexto  diríamos que la vida es como estar en el océano, y de que hay olas que nos arrastran, y que debemos  estar conscientes de que en ese océano también  hay olas que golpean con fuerza y nos llevan debajo de la corriente en la misma forma repentina.

Estoy segura que ha muchos nos ha golpeado una ola gigante y  nos ha  atrapado bajo la marea, y nos hemos sentido incapaz de nadar hacia la superficie, a mi me ha pasado, pero también es cierto que no todas las olas son iguales, una enfermedad grave  no es una ola normal; es un tsunami, y ahí si que nos estamos ahogando, entonces, ¿ qué hacer? ¿ Cómo salir a la superficie, cómo salvar ese  crucial momento?

Una cosa importante que aprendí fue a ejercitar mi espíritu de «aguante «, enfrentar los desafíos de las olas, (circunstancias adversas) y de repente tener calma y respirar, es lo que finalmente nos lleva a la grandeza, que es lograr desarrollar nuestro potencial, nuestra capacidad de resiliencia para sobrepasar una ola tras otra. “Los momentos de calma”, están ahí para que podamos respirar antes de que nos golpee la siguiente ola”.

Las olas  y los tsunamis entran en nuestras vidas, el rechazo, los  fracasos, enfermedad, olas que no podemos imaginar que seremos capaces de sobrevivir. Ellas irrumpen en nuestras vidas como una visita no deseada con una fuerte ráfaga de viento y destruyen nuestras velas. Enfermedades terminales, pérdidas, la muerte de un ser querido.  Estas olas invierten nuestro mundo, nos dejan luchando en la oscuridad, buscando desesperadamente un lugar en donde anclar nuestro barco convulsionado.

Hace más de 3000 años el pueblo Hebreo enfrentó una situación peligrosa. Ellos escaparon de la oscuridad y la esclavitud de Egipto; los perseguía el ejército más potente del mundo y finalmente se encontraron frente al mar. Habían esperado mucho ese momento, habían experimentado 210 años de adversidad y tortura para llegar a ese momento, y ahora el agua bloqueaba su libertad.

Que hacer entonces? ellos podían darse vuelta y regresar al pasado, a Egipto en donde habían aprendido a sobrevivir a pesar de las adversidades y la opresión. O podían seguir adelante como una nación, dando un salto y tomando el compromiso de mantenerse firmes el uno con el otro y con Dios.

Con esfuerzo y fe, nada está fuera de  nuestro alcance.

Y entraron al mar dispuestos a probar su fé, de repente las aguas se dividieron, creando paredes elevadas hasta los cielos, dejando tierra seca para que  toda la nación pudiera caminar.
En ese momento de calma logramos respirar y podemos vencer las olas, superamos nuestras barreras personales, las que a veces parecen tan inmensas como el mar.

Crucemos nuestro océano a través de nuestras propias olas, liberémonos de nuestro Egipto personal y entendamos que nuestra mayor barrera hacia la libertad nunca será en realidad el mar, sino nosotros mismos.

Por: Lucy Angélica García
Docente, Escritora y Columnista internacional