Dicen que no se deben confundir la “gordura con la hinchazón”, y esto se debe aplicar al hecho de que, no es lo mismo ser del mundo que estar en el mundo. Hace un tiempo, en un concurso de canto realizado en Italia, la monja Cristina sorprendió a la audiencia por cantar temas profanos y con un ritmo movido. Al parecer, las mismas autoridades de la Iglesia en Italia, le dieron el visto bueno, para que continuara en el concurso. Lo anterior evidencia que algunos religiosos están muy contagiados con el secularismo y son poco prudentes.

Respecto al celibato de los sacerdotes, se ha puesto en el “tapete” el hecho de que se abra la puerta para discutir el tema, con miras a que se les permita el matrimonio con mujeres. Esto vuelve a causar polémica, pues al parecer se estarían rompiendo los antiguos esquemas eclesiásticos. Empero, hasta la fecha el Código de Derecho Canónico en su artículo C277 punto 1 indica que, los clérigos están obligados a observar la continencia (realmente la castidad) perfecta y perpetua del Reino de los cielos y sujetos a guardar celibato (soltería).

Otro aspecto que llama la atención a los sacerdotes es respecto a la vida sencilla, por eso el mismo Código en su artículo C282 punto 1, refiere que los clérigos deben vivir con sencillez y abstenerse de todo lo que parezca vanidad. Pero la verdad es que en la práctica, la mayoría de curas no cumplen cabalmente esos mandatos, y por consiguiente tampoco cumplen el llamado a la santidad (el artículo 276 punto 1, expresa que los clérigos están obligados a buscar la santidad), ni al voto de obediencia no solo a sus superiores, sino que eso implica desobediencia a lo estipulado en el Código canónico y por ende a la voluntad de Dios.

En algunos países se nombran en puestos públicos a sacerdotes católicos, sin embargo el Código citado, estipula en el artículo C 282 punto 3 que: “Les está prohibido a los clérigos aceptar puestos públicos que lleven consigo una participación en el ejercicio de la potestad civil”. Pese a lo anterior, el obispo superior del cura nombrado ministro de la referida institución, no se opuso al nombramiento.

En vista de esa serie de incumplimientos en materia eclesiástica, entonces ¿para qué un Código de Derecho Canónico? Es más, si la misma jerarquía de la Iglesia no da el buen ejemplo, ¿para qué nos rasgamos luego las vestiduras o nos lamentamos, de que el mundo camina cada vez peor?

Lamentablemente, esos hechos, evidencian que, de verdad vivimos los tiempos de la apostasía, que tanto se ha profetizado desde siglos anteriores y que implican la degeneración, de la misión sacerdotal y de las órdenes religiosas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Ensayista de temas cotidianos