I.- LA BÚSQUEDA

Hoy busqué consuelo en una mirada,
y no hallé más que un corazón acorazado,
dispuesto a no dejarse traspasar,
por mis deseos de querer y ser querido.

Porque amar es vivir en aquellos
que se quiere hasta dejarse morir por ellos.
Pues lo que da sentido a cualquier vida,
son los abrazos vertidos como aliento.

Nadie puede darse aire a sí mismo,
todos necesitamos de todos para vivir,
que no está el gozo en caminar mucho,
sino en saber donarse y compartir.

Es grande el desconsuelo en el mundo,
hay que abrirse el alma en cada despertar,
pues si nuestra misión es consolarnos
unos a otros, lloremos por los demás.

Por esa gente que no ha conocido la paz,
por esos caminantes que van perdidos,
por esos humanos hermanos excluidos,
nos conviene detenernos y reflexionar.

Pues a todo ser humano le es concedido
la esperanza de vivirse y revivirse,
de conocerse y reconocerse, de hallarse
junto a sí mismo para meditar y crecer.

II.- LA COMPASIÓN

Sí coexistimos para reconfortarnos,
pongamos misericordia en nuestro andar,
pues si la vida es un haz de sentimientos,
hemos de tener piedad hasta de la luz.

Que nadie se vaya de nuestro lado,
con el corazón vacío, sino acompañado,
con el alma destrozada, sino curada,
con la vida destruida, sino reconstruida.

¡Quién requiere de nuestra clemencia,
sino el que no tiene caridad de nadie!
¡Quién requiere de nuestro cuidado,
sino aquel que acarrea sus miserias!

Hay que vaciarse para ser más espíritu,
el verso interminable que nos sacia,
donde todo se teje en compasión,
hacia los que nada son y son de Dios.

Aún así, cuando todos te desatienden,
cuando nada eres en el cosmos para nadie,
cuando te aborrecen, sin pena alguna,
el Señor te reanima y anima a levantarte.


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