Para desencanto de los neoliberales en el mundo, por supuesto también en nuestro país que no es una isla, un inmenso contingente de personas defienden los principios de soberanía y autodeterminación, como ejes centrales del desarrollo económico, social y político de sus naciones. Si, según Wikipedia, soberanía es «un gobierno propio de un pueblo o nación en oposición al gobierno impuesto por otro pueblo o nación», y autodeterminación es «la decisión consensuada de los habitantes de un territorio sobre su futuro estatuto político», los demócratas están obligados a reaccionar en contra del intervencionismo de EEUU en los asuntos internos de nuestro país. Esa intromisión gringa nos hace ver como su más preciada “neocolonia», acogiéndonos también a su definición: «neocolonialismo es una forma moderna de colonialismo, según la cual las antiguas potencias coloniales, o las nuevas naciones hegemónicas, ejercen una influencia determinante en materia económica, política y cultural sobre otras naciones». El gobierno de «UriDuque» nos infunde que esta forma de vasallaje es una inmejorable relación con «nuestro buen vecino». EEUU se arroga el derecho de enviar semanalmente a Colombia sus más altos funcionarios para revisar el estado de su neocolonia y enseñarle la cartilla de lo que debe ejecutar el gobierno cipayo.

Los regaños públicos del presidente del imperio norteamericano, Donald Trump, al «cándido» homólogo de Colombia, Iván Duque, producen rabia e intenso dolor, más por su actitud rodillona, entreguista y propia de un siervo que por lo expresado por el bravucón del Norte. Pero además, la intromisión del embajador gringo Kevin Whitaker, presionando a las sub-comisiones de Senado y Cámara encargadas de estudiar y presentar ponencia sobre las objeciones de «UriDuque» a la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial de Paz y a los magistrados de la Corte Constitucional, quienes impartirán la constitucionalidad de los mismos, ratifican el atentado a la soberanía y autodeterminación, para impedirnos que adoptemos nuestras decisiones en aspectos tan claves como la justicia nacional, tratando de imponernos los intereses gringos sobre la extradición por encima de las verdaderas necesidades del país frente al Proceso de Paz y de nuestra propia justicia.

La narración de los congresistas de la forma descarada del embajador pidiéndoles que voten favorablemente las objeciones de «UriDuque», bajo el chantaje de estar poniendo en riesgo la cooperación de EEUU con Colombia, o de cancelar las visas a los congresistas, exigiendo confidencialidad, y ante el hecho de no aceptación de esas condiciones, haya cancelado la visa al Representante a la Cámara, John Jairo Cárdenas, merece la unión de todos los colombianos para defender al país por encima de quienes nos imponen los intereses de gringos y de multinacionales. En esta defensa de la soberanía de la justicia, Cárdenas pone el ejemplo que debe seguir el resto de congresistas, con el respaldo de la población. «UriDuque» no se pronunció exigiendo respeto al país porque es un acólito del neoliberalismo, formado en la Escuela de Negocios de Harvard y en los organismos neocoloniales gringos como el Banco de Desarrollo de América Latina, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Financiera de Inversiones. ¡Por soberanía y autodeterminación, uníos!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias