Decir que “Colombia anda sin piloto” es una verdad que ratifican todas las encuestas. Lo peor es que el piloto automático que está al mando de la cabina de control es incapaz de cambiar de rumbo, debido a los compromisos con los potentados. El presidente Santos siempre se la ha jugado por otorgar los mayores beneficios a las multinacionales, extranjeras o nacionales, en desmedro de los trabajadores y la población. Esto vuelve a quedar en evidencia en la huelga que dejó a Avianca sin pilotos, situación en la que él y los grupos económicos han manipulado a la opinión –a través de sus medios de comunicación– para mostrar cómo a la “santa madre” la perjudican por la insensatez de “indignos” y voraces trabajadores.

Avianca es un monopolio mimado por el Estado colombiano, que según la Aeronáutica Civil movilizó el año pasado el 57,3% del mercado, mientras que las siguientes tienen el 17,8% y 13%, respectivamente. Hasta junio de este año, Avianca movilizó 9.4 millones de pasajeros de un total de 15.4 millones, o sea, el 61% del mercado doméstico; la que le sigue tiene el 16,6%. Por la cantidad de frecuencias diarias, que quintuplica a la competencia, Avianca se convirtió en casi de obligatoria necesidad para los pasajeros, de lo cual se aprovecha para imponer tarifas que sobrepasan las de la competencia, que se quedaron con el “bajo costo”, sufriendo los retrasos y los incumplimientos.

La huelga en Avianca vuelve a desnudar cómo Santos siempre le da la mano a los poderosos; con su silencio y actuación respalda las agresivas expresiones del boliviano Germán Efromovich, quien compró Avianca “a precio de gallina flaca” y luego desarrolló una política antiobrera de varios años sin aumento de salarios y de destrucción del cumplimiento del derecho fundamental de asociación y negociación colectiva, mediante un pacto colectivo que le impone a los nuevos trabajadores. Don Germán se mete con la autonomía impulsando un sindicato patronal, desacredita a la Asociación Colombiana de Aviadores Comerciales –Acdac–, organizadora de la huelga, tratándolos de “tener una opinión criminal” y de comportarse como extorsionistas, le da órdenes al Gobierno para que declare ilegal el movimiento y designe un Tribunal de Arbitramento, se queja de la justicia y anuncia denuncias penales contra los huelguistas. En Colombia es un crimen hacer una huelga.

Acdac expresa que precisamente les ha tocado imputar tres tutelas, 427 derechos de petición, 16 querellas y 11 denuncias penales en los últimos 6 meses, con los cuales los trabajadores exigen el cumplimiento del marco jurídico, cuyas acciones en su mayoría han ganado. Dijo que no nombrarán ningún árbitro porque su huelga encaja en todas las leyes colombianas y en las normas de la OIT, que indica que “la Comisión de Expertos definió los servicios esenciales como «los servicios cuya interrupción podría poner en peligro la vida, la seguridad o la salud de la persona en toda o parte de la población», es decir, a aquellos cuya interrupción puede tener consecuencias para la vida, la seguridad o la salud de la persona, en los cuales podría estar justificado imponer restricciones e incluso prohibiciones”, que no se da en este caso. ¡Don Germán se hace rico con la explotación del pueblo colombiano y aún así le quedamos debiendo!

Por: José Arlex Arias Arias
José Arlex Arias Arias