Para desgracia de los colombianos, su independencia de España –este año es su bicentenario– no se consolidó con las reformas burguesas que impulsaran procesos productivos para desarrollar su propio capital. La incipiente burguesía comercial que dirigió esas guerras de Independencia se ancló para convertirse en una burguesía intermediaria, haciendo renunciar a Colombia al avance productivo y tecnológico, y lo dejó a merced del imperialismo de Estados Unidos, con el cuento de ser «su mejor amigo», que le fue imponiendo sus condiciones, lo llenó de humillaciones –como en el robo de Panamá–, dominando al país con la onerosa deuda externa, lo convirtiera en su «patio trasero» y no permitiera una importante industrialización, cuyo germen fue sacrificado con la globalización que, con su ventaja comparativa, lo puso a producir frutas tropicales y a ser maquila de las multinacionales.

Colombia ha sido reducida al papel del «peón de brega», en donde la ciencia, la tecnología de punta y el desarrollo nos llega con atrasos de casi medio siglo, muchas veces cuando ha sido desechado por las naciones industrializadas. Ese papel de «peón de brega», asimilado por los gobernantes colombianos como «una gran colaboración del Tío Sam», hace que en Colombia, parodiando un pasaje bíblico, «no se muevan las hojas de un árbol sin el permiso de los gringos», hasta el punto de convertirlo en un Estado Satélite, descrito como «cualquier Estado que, si bien es nominalmente independiente y es reconocido por otros, en la práctica se encuentra sujeto al dominio político o ideológico de alguna potencia» –Wikipedia–, en cuyo caso es Estados Unidos, que se torna aún más agresivo imponiendo, a través de la banca y organismos multilaterales, el saqueo de los recursos, bienes y servicios.

Como a «peón de brega», los EEUU le imponen a Colombia la obligación de respaldar su política hegemónica imperialista de continuas agresiones. Los demócratas sufren ira y tristeza al ver a esa burguesía intermediaria, que por más de un centenar de años dirige al país, ayudando a imponer gobiernos títeres de este imperio en todo el mundo. Esa burguesía unas veces actúa con destempladas declaraciones de respaldo a esa política colonial, cuando los EEUU envían sus propios ejércitos invasores o dan golpes de Estado denominados blandos, es decir, sin derramamiento de sangre; otras veces envían al ejército colombiano, que termina actuando como mercenario; y lo peor es que si el conflicto es en su «patio trasero» lo hacen encabezar las acciones, como en el caso de Venezuela, en donde el «representante gringo» en Colombia, el presidente «Uriduque», se cree un «reyezuelo» dando órdenes al país vecino, mientras los colombianos padecen todos los males propios de un país dominado.

Los venezolanos, como los colombianos, tienen el derecho pleno a la soberanía y a la autodeterminación, que consisten en darse sus propios gobiernos, sin injerencia ni amenazas militaristas de los Estados Unidos, ni de ninguna otra Nación, por eso es condenable que «Uriduque» ponga a Colombia como su satélite o cabeza de playa, a hacerle el trabajo sucio para apoderarse de la inmensa riqueza de los venezolanos. ¡La soberanía y la autodeterminación son derechos inalienables!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias