El monumento a Los Héroes, que en 2021 se ha consolidado como el nuevo escenario de concentración en las protestas de Bogotá, se parece a la Plaza Baquedano de 2019, en la que llegaron a concentrarse más de un millón de personas para exigir cambios en el modelo político y económico que había manejado Chile. En ambos países los ciudadanos piden reformas que ayuden a equilibrar la desigualdad y denuncian la violación sistemática de derechos humanos por parte de las fuerzas del orden público que fueron desplegadas para contener un descontento social que se ha venido gestando durante décadas.

Pero, ¿qué tan distintas son las protestas que la pandemia interrumpió en Chile hace dos años de las que se han gestado en Colombia desde hace más de un mes?

La desigualdad como motor

El malestar social, que en Chile inició como una protesta estudiantil contra el aumento del precio de los pasajes del metro, en Colombia fue impulsado por el intento de implantar una reforma tributaria que afectaba el bolsillo de una clase media que no recibe ni los auxilios de los más vulnerables ni las exenciones de impuestos de los más ricos. Un movimiento del gobierno de Iván Duque que, en plena pandemia, generó el rechazo de miles de manifestantes en decenas de ciudades.

“Lo sorpresivo de Colombia es que ya ha habido dos movilizaciones durante la pandemia. Eso da cuenta de que hay un descontento muy fuerte y de que la población no ve que hay una sana convivencia entre los poderes y sienten que hay un divorcio de la élite con el sentir popular”, señala Paz Milet, académica del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

Esa distancia con la que las élites colombianas miran la protesta se vio reflejada en las declaraciones del exministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, quien no sabía ni siquiera cuánto costaba una canasta de huevos. Sin embargo, esta desconexión del Gobierno frente a las necesidades sociales se extiende también a Chile, en donde el Ejecutivo del presidente Sebastián Piñera ha enfrentado las críticas de varios sectores por su manejo de la pandemia y de la crisis del 2019.

 Militarización de las protestas

Una de las similitudes entre las manifestaciones que sacudieron Chile y que actualmente se siguen viviendo en Colombia fue la rápida militarización de la protesta, ya que la represión de las movilizaciones por parte de la fuerza pública comenzó a desplazar el resto de demandas sociales y puso el foco en los protocolos de los antidisturbios y los carabineros.

Sin embargo, el saldo de víctimas fatales en Colombia durante más de un mes de manifestaciones es prácticamente el doble de los 36 fallecimientos que se registraron en los cinco meses de protestas de Chile, lo que para analistas habla de unas fuerzas del orden permeadas por la lógica del conflicto armado.

Otra de las diferencias entre ambos gobiernos ha sido la disposición al diálogo para salir de las protestas y para permitir la entrada de organismos internacionales para verificar las denuncias de violaciones en derechos humanos, prácticas a las que el Ejecutivo de Sebastián Piñera se mostró más abierto que el de Iván Duque.

Un cambio constitucional

Si hay algo que distancia las protestas en Chile y en Colombia es el mecanismo para dar solución a las demandas de las calles. Mientras en el caso chileno la salida fue la convocatoria a un plebiscito y la elección de constituyentes para elaborar una nueva carta magna, para los colombianos el panorama parece mucho más complejo.

“En la Constitución de Pinochet, a pesar de tener ampliaciones democráticas, sigue siendo una tarea pendiente desmontar ciertas premisas y por eso se busca un cambio de Constitución. En Colombia lo que se ha venido dando es una contrarreforma desde la derecha en contra de la Constitución del 91”, asegura Camilo González, director del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) en Colombia.

En Colombia la pandemia llegó a profundizar las carencias que sacaron a miles de personas a manifestarse a las calles en 2019, a esto se sumó la insatisfacción con respecto a cómo se ha llevado adelante el proceso de paz y los asesinatos sistemáticos de defensores de derechos humanos y de excombatientes.

Por otra parte, Chile podría enfrentarse a un nuevo estallido social debido a las expectativas excesivas que se han puesto en la redacción de la nueva Constitución, que podría no resolver todas las demandas que se plantearon en 2019.