Colombianos desnutridos

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En los últimos meses se ha visto cómo el presidente Iván Duque –o llámese el gobierno de «Uriduque»– se adueñó del papel que le asignó el «Amo del Norte», Donald Trump, de posar como el nuevo «Libertador de Venezuela», empecinado en hacer pasar por la frontera colombo-venezolana una «Ayuda Humanitaria», que según el jefe de la delegación en Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja, Christoph Harnisch, técnicamente no es una ayuda humanitaria, porque no reúne los criterios de las necesidades que padece la población y ha sido impuesta por un grupo de países que buscan derrocar un gobierno, por lo cual no está regida por los principios fundamentales de imparcialidad y neutralidad, con lo que de manera irresponsable dichos gobiernos expusieron a la población a la represión. Mientras esto sucede, en Colombia, según el Instituto Nacional de Salud, entre 4 y 5 menores mueren por desnutrición cada semana, al punto que «el año pasado, 2018, murieron 290 niños por desnutrición. Aún tenemos entre cuatro y cinco niños que mueren por semana por desnutrición», explicó el director de esa institución, Fernando de la Hoz, a RCN La Radio. Según un informe del DANE, entre el año 2012 y el 2016 murieron 1.562 niños por desnutrición en todo el territorio nacional, y de acuerdo al defensor del pueblo, Carlos Alfonso Negret, en 2017 fueron 321 niños. El cálculo de los analistas es que más del 10 % de los niños colombianos padecen los efectos de la desnutrición.

Los estudios del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reportaron que el 9,5 % de los colombianos pasaban hambre y en valores absolutos eso equivalía a 4,2 millones de personas. La inseguridad alimentaria crónica que lleva a la desnutrición se da porque la ingestión de alimentos no cubre las necesidades energéticas básicas de forma continua y Colombia padece de: escasa capacidad adquisitiva –por el desempleo o empleos informales mal remunerados–, baja oferta de alimentos y eventos extremos, incluyendo el calor, las sequías, quemas forestales, inundaciones, temblores y tormentas, que se han duplicado desde principios de la década de los noventa. Cada vez los colombianos consumen menos alimentos; un ejemplo son las cifras reveladas por el programa «Cartagena Cómo Vamos», que indica que en 2018, durante las últimas cuatro semanas anteriores a la encuesta de percepción –que se realizó del 14 de noviembre al 20 de diciembre–, por falta de alimentos el 25 % de esos cartageneros dejaron de consumir las tres comidas más de diez veces, el 30 % las dejó de consumir entre 3 y 10 veces, y el 45 % las dejó de comer entre 1 y 2 veces. Al borde del físico «filo», los cartageneros aguantan el duro trajín y lo más seguro es que no es diferente en el resto del país. Ya no hay para los «tres golpes»; por ello, más del 35 % de los cartageneros se perciben como pobres.

«Uriduque» sigue mirando hacia los vecinos. Eso le sube puntos en las encuestas, porque tiene unos grandes medios de comunicación dóciles que le han planteado al pueblo que el problema de los vecinos es lo principal para nosotros; pero además sigue utilizando la represión policial para perseguir a quienes cometen el crimen de ser vendedores ambulantes, única forma de llevar algún ingreso a sus familias. El refranero popular dice que: ¡A cada puerco le llega su San Martín!

Por: José Arlex Arias Arias
Comunicador Social – Periodista
José Arlex Arias Arias