Millones de chicos viven escondidos todos los días. Temen salir y ser señalados por otras personas. Tienen terror de que se rían de ellos o de que los miren con asco por ser diferentes. La mayoría no se atreve a hablar y no saben a quién acudir. Son vistos como bichos raros por una sociedad que aún no aprende a eliminar los prejuicios. Algunos incluso creen que si son descubiertos, recibirán la muerte.

Este escenario no es ficticio, es una realidad. Esos niños (ya sea por su raza, credo o la manera en la que lucen) son discriminados todos los días y viven asfixiados bajo distintos tipos de inseguridades y miedos. Su semejanza con los pequeños estudiantes de la escuela ficticia del Profesor Xavier en “X-Men” no es una coincidencia. La obra, creada por Stan Lee y Jack Kirby hace casi 55 años, es reflejo de una sociedad racista y discriminatoria, una reflexión sobre la lucha permanente para eliminar los prejuicios sobre las personas.

El primer cómic de “X-Men” fue publicado en 1963, justo en el auge de uno de los movimientos civiles más grandes de la época: el de los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos, pero Stan Lee no tenía en su mente esa problemática cuando creó a los héroes. Su único propósito era crear personajes que no tuviesen que ser mordidos por un insecto o haber fallado en un experimento para ganar sus poderes; prefirió la idea de que fueran humanos nacidos con diferentes habilidades y anatomías. Eventualmente, esa base sirvió para crear metáforas sobre discriminación y problemáticas sociales.

La comparación más clara cuando se habla de los “X-Men” y su acercamiento a la discriminación es la del Profesor X y Magneto con Martin Luther King y Malcom X, figuras representativas del movimiento civil. Xavier es percibido como un individuo que busca unidad y que sueña–al igual que King– con un futuro en el que los humanos y los mutantes puedan vivir juntos.

En contraste, Magneto no considera relevante la aceptación de sus enemigos y está convencido de que la solución es usar la violencia para que los mutantes gobiernen la Tierra como la raza superior que son. Su punto de vista está basado en la línea de Malcolm X, quien decía que la libertad llegaría para los afroamericanos “sin importar los medios”.

A lo largo de los años sesenta, este tipo de temáticas comenzaron a llenar las páginas del cómic y la discriminación con la lucha por la igualdad se convirtió en el tema principal de las historias. Mientras los Avengers eran adorados por sus dotes intelectuales y eran vistos como héroes formados a partir de los accidentes que les dieron poderes, los mutantes debían aprender sobre moral, ética y sobre cómo iban a lograr la igualdad sin abusar de su poder.

Al presentar a uno de los equipos más diversos de la historia –que incluía diferentes razas, credos y preferencias sexuales– aumentaban las probabilidades de ahondar en diferentes temas. El trabajo era muy diferente a cualquier otra obra visual y cambió por completo el tratamiento de los personajes en una historieta.

Distintos críticos literarios afirman que detrás de todas las historias de chicos que ocultaban sus poderes, existió un fuerte mensaje para la comunidad LGBT. Muchos de los personajes lo ocultaban de sus padres y tenían un fuerte conflicto interno culpándose de su mutación en vez de aceptar que es natural. En la segunda película de la franquicia existe un ejemplo claro con el arco narrativo de Bobby, el hombre de hielo.

Además, los personajes con diferentes preferencias sexuales no son estereotipados ni revelados como seres desagradables, sino como personas comunes con sus propios problemas. La obra impulsa al lector a aceptar la diversidad no como algo horrible, sino fascinante.

“X-Men” introduce la idea de que la mayoría de los humanos odian a los mutantes sólo por ser diferentes, pero también añade que la política y la religión son las figuras que impulsan la separación y discriminación. En primer lugar, se habla sobre antisemitismo cuando se presenta la historia de Magneto, quien creció como un joven judío durante la alza de los nazis.

El daño psicológico resulta en que el chico odie por completo a la humanidad, a excepción de los mutantes.
Otro ejemplo es el del antagonista William Stryker, quien en distintas historias representa el fundamentalismo cristiano, que señala que sólo los humanos puros son hijos de Dios y cualquier otra criatura es producto del diablo, una creencia común entre algunos grupos cristianos del mundo.

El odio y la paranoia de Estados Unidos hacia los comunistas durante los años 50 y 60 también fue representado en las películas de manera metafórica; y otras culturas, como las de los niños que viven en los barrios bajos o en las alcantarillas, también son abordadas de una manera seria, sin olvidarse de que los “X-Men” representan la unidad y el sueño de un mundo sin odio.

La franquicia de las películas de “X-Men” son mucho más oscuras y profundas que cualquier otro personaje de Marvel y se debe a su temática. Las historias parecen increíbles y distraen de la premisa principal, pero todas tienen un fuerte mensaje de unidad: revelan la cruda realidad en la que vivimos y las mentes retrógradas de algunos; pero también nos muestran que es posible hallar armonía en el mundo. Sólo necesitamos eliminar los prejuicios y aceptar a todos, sin importar que sean un poco diferentes.

Por: Por Alonso Martínez
@jimmypicker


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